Ser feminista también es incomodarse: una reflexión en torno al 8M
- La Rata

- hace 2 días
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Gaby Torres
Este 8 de marzo tenemos mucho que cuestionarnos, no solo hacia el exterior, sino también hacia el interior. Cuestionar nuestros feminismos, lo que pensamos y lo que sentimos desde ese lugar que muchas veces es difícil de habitar. Y es difícil porque existen líneas muy delgadas entre la lucha, el privilegio y la idea de que, por ser mujeres, no se nos debe cuestionar la función que desempeñamos.
Desde hace tiempo he venido haciendo ese cuestionamiento interno.
Este año he experimentado de todo un poco: desde la violencia que implica desarrollarme en un entorno masculinizado, donde a las mujeres nos cuesta el doble legitimar nuestra palabra y nuestro saber; hasta los sentimientos encontrados que me genera el tener que callar ciertas cosas por el bien de la imagen de un movimiento que está por encima de mis proyectos personales.
Debo confesar que incluso en ese movimiento que nació para que todas y todos tuviéramos cabida —ese movimiento de izquierda que busca la igualdad— aún prevalecen prácticas machistas y patriarcales. Prácticas ejercidas por perfiles que, muchas veces, ponen por encima sus intereses personales antes que lo colectivo y antes que el significado simbólico de representar a las mayorías que nos llevaron a ocupar los espacios que hoy habitamos.
Y lo llamo dualidad porque entiendo que no es culpa del movimiento que me arropa y que me permitió llegar. La responsabilidad recae en quienes no han entendido que hay que ser congruentes entre el chaleco que portan y sus actos.
El otro cuestionamiento que me hago tiene que ver con la llegada de las mujeres al poder: ¿para qué?, ¿para quién?
Se me ha cuestionado el feminismo que profeso cuando hago esta crítica. Respeto esas opiniones, aunque no las comparta. No creo que sea suficiente solo llegar y ocupar un espacio. Tampoco creo que al llegar al poder seamos impolutas, ni que no podamos equivocarnos o incluso caer, en algún momento, en ese pacto patriarcal que tanto criticamos. Yo misma he reflexionado sobre cómo, en ocasiones, también he sido parte de él.
Por eso, este #8M no saldré a marchar. Lo asumo como un acto de reivindicación política conmigo misma.
Si la pregunta es si soy feminista, diré que sí. Lo soy en la medida en que, desde mi trinchera y desde mi curul, busco abrir camino para que más mujeres participen. Trabajo para generar confianza, construir alianzas y para que más mujeres dejen de sentir miedo de creer en ellas mismas, un miedo que yo también he experimentado muchas veces.
Trabajo desde la comunicación para crear espacios de participación para ellas, para impulsar a mujeres que han sufrido violencia o han sido maltratadas, para que recuperen su voz.








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