La guerra tiene rostro de mujer: la participación femenina en las Fuerzas Armadas de México
- La Rata

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Mujeres integrantes del Batallón de Tropas de Administración Femenino en 2022. Foto: Cuartoscuro
Por: Sofía Mayela
Desde tiempos remotos, las mujeres se han desempeñado activamente en los conflictos bélicos.
Ya fuera en las guerras griegas, como parte de las tropas de Alejandro Magno, o en los hospitales militares de la Edad Moderna.
Después, durante la Primera Guerra Mundial en cuerpos auxiliares; y finalmente en la Segunda Guerra Mundial, miles de mujeres llevaron a cabo todo tipo de funciones, incluidas las de combate.
En México, las mujeres se vieron involucradas en el Ejército Mexicano al inicio de la lucha revolucionaria de 1910.
En este escenario, las figuras de las soldaderas, mejor conocidas como Adelitas, asumieron labores de cocineras, enfermeras e incluso en el campo de batalla.
Aunque representaron un rol fundamental en la Revolución, su valor ha quedado eclipsado por la indiferencia.
Fue hasta 1934 que se produjo el ingreso de manera oficial a la primera mujer en el servicio activo del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos, como personal de intendencia.
Para 1938, se creó la Escuela para Enfermeras, plantel militar al que sólo podían ingresar mujeres, al mismo tiempo que causaban alta en el Cuerpo de Oficinistas del Ejército.
A partir de este momento, poco a poco, empezaron a integrarse a la estructura, en busca de abrir y ocupar más espacios.
Sin embargo, de acuerdo con datos del Observatorio para la Igualdad entre Mujeres y Hombres en el Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos, ellas ocupan apenas 17 mil 799 cargos.
Si a esta cifra se suman las participantes de la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional se obtiene un total de 42 mil 607 mujeres.
Números que, si bien son significativos, contrastan con los 269 mil 342 hombres que integran estas estructuras en conjunto.
Detrás de los avances en su incorporación, y de los discursos institucionales sobre la equidad, se ocultan episodios que revelan una realidad menos visible: las mujeres, además de tener que abrirse camino en un entorno que históricamente ha permanecido masculinizado, enfrentan abusos, violencia y prácticas que vulneran sus derechos.
Trabajos periodísticos como el de Zorayda Gallego, en el reportaje “Radiografía de la Impunidad: Violencia sexual en los Cuarteles”, exponen las condiciones de injusticia y silencio a las que es sometido el personal femenino.
De acuerdo con Gallego, en los últimos doce años, la Fiscalía General de Justicia Militar ha abierto 525 investigaciones por violación, acoso, abuso y hostigamiento sexual; no obstante, el porcentaje de resoluciones judiciales es mínimo: solo tres casos de cada cien logran acceder a una sentencia.
El panorama empeora cuando los señalamientos involucran a los altos mandos, cuyos procesos concluyen en absoluciones o se diluyen en un limbo legal, mientras perpetúan la impunidad.
El contraste es evidente y alarmante: en la medida en que las cifras oficiales destacan la creciente incorporación de las mujeres a las filas castrenses, el ámbito judicial muestra otra realidad difícil de ignorar: denuncias con investigaciones abiertas, que no se traducen en la impartición de justicia.
En la actualidad, la lucha ya no radica en ocupar un lugar dentro de la estructura, sino en transformar un sistema que todavía falla en garantizar protección.








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