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Muñeca, el amor que permanece más allá de la muerte

hace 6 horas
4 min de lectura

Por: Joce Benites


Es otoño y el invierno toca a la puerta, mi cama esta fría desde que tu no estás. Construí una tumba en tu honor en mi jardín, en ella me refugio y honro tu vida, sé que sanará mi alma al rememorarte


En cada rincón de mi casa siento tu presencia, y alimento mi alma con cada uno de tus recuerdos, seré fuerte y lucharé hasta el final de mis días, porque así me lo enseñaste


No existe amor más puro y fiel que el de un animal de compañía, a mí siempre me han gustado los gatos y han estado presentes a lo largo de mi existencia y en cada una de mis etapas. Por ahora mi memoria no recuerda al primer felino en mi vida, pero sí recuerdo a varios de ellos. La muerte de cada uno dejo un vacío e impotencia, sobre todo porque se presentaron en situaciones en las que no tenía la capacidad intelectual para auxiliarlos.


Por un lapso aproximado de 10 años. En la etapa de la adolescencia y parte de mi juventud no tuve ninguna mascota, fue hasta adulta cuando llegó a mi vida Klent, un minino de color amarillo que marcó mi vida y fue testigo de mi etapa laboral y el inicio de las señales de un padecimiento que posteriormente presentaría; fungió como el amigo más cercano que poseía.


La suerte no le favoreció y fue víctima de la crueldad humana al ser envenenado de manera cruel que le causó una muerte instantánea.


Pasaron otros 13 años y llegó Muñeca a mi vida, una hermosa gatita de dos meses de edad de color gris camuflaje.


Muñeca se convirtió en mucho más que una mascota. Aunque mis oídos nunca pudieron escuchar su ronroneo, ni mis brazos y espalda cargarla con libertad, ella supo adaptarse a mis limitaciones y aprendió a ser paciente. Cuando necesitaba algo, esperaba a que pudiera atenderla; incluso posponía su hambre y otras necesidades al ver las patas de mi andador avanzar lentamente, guiadas por mí. Su paciencia y comprensión fueron una muestra del amor incondicional que siempre me brindó.


Todo esto es solo una muestra de la fidelidad y amor de un animal a una humana, por lo que son razones suficientes para encariñarse con él, y más aún para atravesar por un duelo cuando éste se ha ido.


Es común que, en ocasiones, estos seres sean los que pongan ejemplo de lealtad y amor incondicional y Muñeca me lo demostró con cada una de sus acciones porque aunque sabía que no podía cargarla de pie, ni jugar con ella libremente por estar pendiente de un andador, siempre estaba alerta de mí por si caía, o bien, se sobresaltaba cuando dormía y me escuchaba batallar por algo.


Aún la sociedad continúa minimizando el duelo por una mascota que se ha perdido, con frases hirientes y vagas como “era solo un animal” “ya tendrás otro”. Pero quienes hemos estado relacionados con ellas experimentamos sensaciones de confidencialidad, refugio y sobre todo lealtad.


Una mascota no se sustituye con otra porque cada ser es único e irrepetible. Cada uno tiene sus propias formas y manías; muñeca dejó cachorros y aunque la veo en ellos, no logran llenar mi vacío; aún experimento miedo de volverme a encariñar para luego perderles.


Yo soy muy enfermiza, friolenta y enojona, sin embargo Muñeca siempre se mantuvo firme a cada situación. Estaba al pendiente de mí aunque anduviera jugando, en días fríos se recostaba en mi cama, justo en el lado que me acuesto, antes de que yo fuera a dormir a fin de dejarme el espacio con calor para que no pasara frío; pocas veces la regañé y me molesté con ella, a pesar de ello, se acercaba a mis pies o regazo, ronroneaba y me parpadeaba.


Son demasiados los recuerdos que tengo de Muñeca, cada espacio y rincón de mi casa me trae recuerdos con ella. Deseo seguirla llorando y gritarla, a fin de sanar mi dolor, pero hay un instante que recuerdo, mismo que me reconforta y ha ayudado desde ese instante a soltarla y despedirme de ella para siempre.


A pesar de que Muñeca estaba agotada y en plena agonía, retomó fuerza y me regaló un momento agradable, al fingir comer y mover la cola al escucharme entonar su canción, con ello descubrí el valor del amor incondicional, porque aún ya sintiendo la muerte de cerca intento agradarme.


Ha pasado tan solo una semana de su partida, pero me he documentado lo suficiente para darme cuenta de que la muerte es inherente a la vida, es decir, no podemos escapar de ella.


Puedo concluir diciendo que Muñeca me enseñó a no dejarme caer aún en la más difícil situación, luchar hasta el último respiro, hacer lo que te gusta y agradar a quien se mantiene pendiente de ti en cada momento porque al final eso es redituable al hacerte experimentar la felicidad.


Ahora comprendo que, los cachorros no tienen por qué asumir la pérdida de su madre y merecen ser cuidados y amados; además con ello estaré honrando su memoria y en lugar de causarme dolor, seguiré sintiendo su amor y fidelidad.


Para honrar su memoria, mi familia cabo una tumba aquí en casa, justo en el jardín preferido de Muñeca, donde le hicimos un rito de despedida, y que servirá para acudir a ese lugar especial para conversar con ella cada que desee compartir un momento ya sea de alegría o tristeza.



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