• La Rata

Los indignos

Actualizado: ene 20



Por: Montserrat Morales.


Pedro es hoy un hombre maduro nacido en México. Como la mayoría de la población de ese país, creció en el seno de una familia católica. Fue bautizado en una iglesia con el nombre de Pedro Ramón Portales Gómez. Todos sus familiares festejaron la fe del nuevo miembro de la familia.


Más tarde, en el marco de una educación privada y también católica, Pedro hizo, por su propio pie, la Primera Comunión, y más tarde, convencido de sus creencias, la Confirmación. Su círculo social es bastante homogéneo, por lo que no tiene problemas para hacer amigos y salir adelante en la vida social, académica y laboral.


Pero Pedro, camino a su adultez, se ha dado cuenta de que está muy enamorado de otro hombre. A pesar de lo que se podría creer, toda su familia y amigos lo apoyan. Así que ellos dos deciden hacer su vida juntos. Con toda la fe de sus corazones, quieren casarse, con esa voluntad con la que recibieron los anteriores sacramentos. Pero no pueden, porque la Iglesia Católica no acepta llamar “matrimonio” a su unión, porque son dos hombres, que, sin embargo, siguen siendo hijos de Dios, con valores, con fe.


La historia de Pedro Portales no es real, pero podría serlo, con otro nombre y en otro país, porque casos como el que se plantea abundan alrededor del mundo.


En días recientes, comenzó una polémica alrededor de las palabras del papa Francisco, acerca de su apoyo a las uniones civiles de parejas homosexuales. En los minutos más próximos a las declaraciones del pontífice, muchas asociaciones e individuos mostraron su optimismo, pero conforme pasaban los minutos y más voces se unían, vino el balde de agua fría, o sea, de realidad.


Recordemos que hace años, a medio vuelo, Francisco hizo comentarios acerca de la homosexualidad en el Vaticano y en general. En ese momento se mostró muy prudente y dijo: “No se debe marginar a estas personas por esto”. Actualmente reitera su postura, que debe ser reflejo de la Iglesia Católica, frente a la comunidad homosexual. A lo que él se refería era que los homosexuales tienen el mismo derecho que cualquier otra persona en cuanto a seguridades y beneficios que implica formar una familia: seguros médicos, por ejemplo.


Si se compara con su antecesor, Ratzinger, ciertamente Francisco ha dado pasos grandes respecto a la apertura y respeto hacia el colectivo LGBT+. También recordamos que el anterior Papa consideraba la homosexualidad como algo contra natura. No había otro camino que el del pecado.


Así que podría considerarse este reciente acontecimiento como un avance. Pero lo que muchos quisieron resaltar es que no se ve que se vaya a avanzar más allá. El jefe de la Iglesia mantiene la igualdad de los homosexuales en el ámbito civil, o sea, el que poco le corresponde. No da su brazo a torcer. Aunque este tipo de discursos por parte de cabezas de instituciones relevantes a nivel mundial significan mucho y dan espaldarazos a la comunidad homosexual, no están provocando los cambios necesarios, no hay acción.


La Iglesia sigue considerando el matrimonio como la unión legítima entre un hombre y una mujer con el pretexto de la compañía, el cariño y la procreación. Pero, ¿por qué dos personas del mismo sexo que se quieren y se acompañan no pueden considerarse matrimonio ante los ojos de la Iglesia? Esos mismos ojos que dicen ver a todos como hijos de Dios. ¿Por qué los homosexuales sí pueden recibir los otros sacramentos, pero se les niega rotundamente justo el que eligen por voluntad propia? ¿Si los sacramentos son regalos de Dios para los hombres y mujeres, quién es la Iglesia (una institución humana) para decidir quién es digno y quién no de recibir el sacramento del matrimonio? Son meras preguntas.

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