Las fiestas no se organizan solas: diciembre recae sobre ellas
- La Rata

- 31 dic 2025
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Mientras la mesa se llena y el brindis se alista, millones de mujeres sostienen en silencio la logística emocional, doméstica y económica de la Navidad y el Año Nuevo

Por: Jazmín Ramírez García
La Navidad y el Año Nuevo llegan cada diciembre envueltos en luces, reuniones familiares y mesas abundantes.
Sin embargo, detrás de la celebración hay un engranaje que pocas veces se nombra: el trabajo invisible que realizan mayoritariamente las mujeres para que las fiestas ocurran.
Desde la planeación del menú, la compra de ingredientes, la limpieza previa y posterior, la organización de horarios, la atención a niñas, niños y personas adultas mayores, hasta el cuidado de los detalles emocionales que mantienen la armonía familiar, diciembre se convierte en uno de los meses de mayor carga no remunerada para ellas.
De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), las mujeres en México destinan en promedio más del doble de horas que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no pagados, una brecha que se acentúa en periodos festivos como fin de año.
Actividades como cocinar, limpiar, servir, organizar reuniones y cuidar a otros siguen recayendo principalmente en ellas, aun cuando también participan en el mercado laboral.
Estas tareas, aunque fundamentales para la vida cotidiana y la cohesión social, continúan sin reconocerse como trabajo y en diciembre, esta carga se intensifica: hay más comidas que preparar, más visitas que atender, más gastos que administrar y menos tiempo para el descanso.
En hogares potosinos, la escena se repite. Mientras la celebración avanza, son las mujeres quienes permanecen de pie en la cocina, quienes piensan si alcanzará la comida, si alguien necesita algo más o si todo está listo para el siguiente compromiso.
Muchas veces, el Año Nuevo llega sin que ellas hayan tenido un verdadero momento de pausa.
Además del esfuerzo físico, existe una carga emocional constante.
Mantener la convivencia, evitar conflictos familiares y procurar que “todo salga bien” suele asumirse como una responsabilidad femenina aprendida y normalizada.
Este trabajo emocional, aunque invisible, también desgasta.
Reconocer y redistribuir estas labores es un paso clave para avanzar hacia la igualdad. Compartir tareas, planear en colectivo y visibilizar el esfuerzo que implica sostener las celebraciones son acciones que pueden transformar la manera en que se viven las fiestas.
Mientras el calendario marca el cierre de 2025, el trabajo invisible de diciembre sigue presente.
Las festividades como el Año Nuevo no ocurren por arte de magia: se construyen, en gran medida, con el tiempo, el cuerpo y el cuidado de mujeres que rara vez aparecen en la foto, pero sin las cuales no habría celebración.








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