• La Rata

Un retrato de olvido: violencia contra adultos mayores.

Actualizado: ene 20



Por: Ana Dora.


En mi adolescencia ingresé como voluntaria al DIF municipal de San Luis Potosí, entre un puñado de mujeres, esposas de funcionarios municipales, había una que otra con un ligero interés en ayudar al prójimo. La esposa del entonces Presidente Municipal, Gaby Nales, era quien dirigía el grupo. Nuestra función consistía en recolectar ropa usada para llevarla a refugios, hacer eventos para niños de comunidades, pedir medicamentos para los dispensarios de las iglesias, entre otros.


Un día a alguien se le ocurrió visitar los asilos, todas las damas apoyaron la moción y el lugar elegido fue el Asilo San Judas Tadeo ubicado sobre la calle Constitución.


Nos reunimos, como todas las mañanas, en las instalaciones del DIF municipal en la calle Xicotencatl. La camioneta de la institución nos trasladó hasta el asilo, llevábamos ropa y detallitos para los abuelitos, y las damas iban muy emocionadas; ese día por alguna razón la presidenta del voluntariado no nos acompañó.


Al llegar a la casona, fuimos recibidas por una mujer y una comitiva, ellos nos comentaron que el director no se encontraba. Poco a poco, el entusiasmo de las damas empezó a descender, el olor del lugar era una combinación de humedad y pescado y se alcanzaba a percibir la sazón de algún tipo de comida que cocinaban en ese momento. Los ancianos estaban acomodados alrededor del patio; había un par de hombres con uniforme blanco y mujeres con gorro en la cabeza, eran las encargadas del aseo y la comida, respectivamente.


Las damas se acercaron a los ancianitos para entregarles regalitos y ropa, entre ellos había un viejo muy parlanchín y sonriente, a diferencia de los demás, que eran, en su mayoría, callados y sin expresión. Del fondo, salió una señora con un delantal, llevaba una charola con vasos de plástico con agua de jamaica y le ofreció a los ancianos y a nosotros. Las damas, con ligera aversion, aceptaron el agua fresca y, entonces, el ancianito parlanchín y sonriente arrojó el vaso al suelo y gritó: “¡Ya sabes que no me gusta en vaso de plástico!”. En un segundo uno de los hombres vestidos de blanco se lanzó sobre él, jalándolo con tal fuerza que lo arrastró hasta una de las habitaciones. El anciano gritaba, las damas estaban pasmadas y después hubo un silencio. Todo había sido muy rápido, la mujer anfitriona se disculpó diciendo que ese ancianito era muy “caprichudo” y que era necesaria una medida de corrección.


Nadie dijo nada, todo siguió igual. Con sonrisas fingidas las damas les hablaban a los ancianitos a gritos como si todos estuviesen sordos, les hacían preguntas tontas (¿Cómo se llamaaa? ).




Era una hermosa convivencia fingida, a lo lejos se escuchaban gritos que cada vez parecían estar más cerca. Entonces a ese patio llegó una mujer joven con camisón floreado, desaliñada, sucia, se notaba con algún padecimiento mental; era también inquilina del lugar. Nos sorprendió mucho, pues era un lugar exclusivo para ancianos. Esta mujer atosigaba a las damas voluntarias, se acercaba, las sujetaba del brazo y balbuceaba, los hombres de blanco la jalaban bruscamente y la sentaban en una banca de la entrada, pero se levantaba y regresaba.


Yo me acerqué a una señora, flaquita muy flaquita, me senté a su lado y le entregué mi regalo, (nada excepcional): una bufanda, intenté entablar una conversación con ella, pero no quiso hablar. Cuando me levanté me sujetó del brazo y con una mirada de desesperación me dijo: “necesito jabón”, le respondí que sí, que con mucho gusto se llevaría en mi próxima visita.


Casi al medio día varias voluntarias decidieron partir pues ya habían “cumplido”, algunas se quedaron, sólo un par de aguerridas voluntarias y yo. Ayudamos a darles de comer, trasladamos a los viejitos en sus sillas de ruedas, bastante gastadas y viejas; en todo momento se notaba el maltrato a los ancianos por parte del personal: se dirigían a ellos a gritos y toscamente.


Las habitaciones eran mixtas, oscuras y con un olor desagradable, había un anciano que ya no caminaba, le cambiaron el pañal frente a nosotras, y lo denigraron por completo, dejándolo desnudo sobre la cama en lo que buscaban ropa limpia para ponerle, el hombre ya no se podía mover, pero su mirada era de dolor y vergüenza.


La anciana flaquita esperó a que el hombre de blanco se saliera de la habitación y desde su cama me hizo una seña para que me acercara. Al oído me confesó algo que por mucho tiempo no me dejó dormir: aquí violan por las noches, dijo aterrada.


Esa confesión me provocó una gran perturbación, sé que muchos ancianitos suelen mentir o exagerar las situaciones, pero algo así era demasiado grave. Le contesté que no se preocupara, que le diría a las damas del DIF. Las voluntarias que se quedaron, también estaban asustadas por la situación del lugar, intentaban ayudar en lo posible.


A la hora del baño, los hombres de blanco y las mujeres del aseo formaron en el patio a unos cuantos ancianos, les quitaron la ropa dejándolos desnudos y a manguerazos los bañaron. Era tal la escena que hasta la fecha no puedo olvidar la imagen de ese anciano, desnudo, que con sus brazos intentaba defenderse de la presión del agua, lloraba y gritaba, mientras que las mujeres del aseo con un tono de burla se justificaron diciendo que esos viejitos se orinaba y que apestaban.


Casi a las seis de la tarde, las dos mujeres voluntarias y yo decidimos irnos de ese calabozo, asustadas por lo que presenciamos. No tuvimos palabras exactas para expresar nuestra impresión, cada quien se fue a su casa.


Al día siguiente, las damas que asistieron a la visita del asilo externaron a modo de morbo lo que vieron, la presidenta estaba ahí y escuchó todas las quejas. Yo le dije que eran maltratados, alguien más me secundó. Ella sólo desaprobó los hechos con un movimiento de cabeza, un tanto asustada por las narraciones de terror, pero al final la decisión fue no volver a acudir a ese asilo, nadie quiso responsabilizarse rescatando a los ancianos, pues le temían al alboroto que eso causaría ante la sociedad.


Después de eso, no volví a las reuniones del voluntariado del DIF Municipal, me decepcionó su fragilidad y tibieza. Ahora, me siento responsable por callar tantos años, por no rescatarlos.


Sin embargo, hace unos días, se hizo público el maltrato en ese lugar, a través de notas periodísticas que daban cuenta de las condiciones precarias en las que operaba, lo que consoló ligeramente mi alma, aunque jamás olvidaré ese día.


De acuerdo con la Comisión Nacional de Derechos Humanos, 12.9 millones de adultos mayores están expuestos a que sus derechos humanos sean vulnerados. Durante 2018 en San Luis Potosí, del total de 6 mil 445 casos de violencia registrados en la Fiscalía Especializada en Delitos sexuales, Contra la Familia y Grupos Vulnerables, 530 casos reportados corresponden a violencia contra personas de la tercera edad, mientras que lo que va del 2019, de acuerdo con las cifras de la propia Fiscalía que dió a conocer el medio digital Quadratin SLP, se han presentado 206 casos de violencia contra el adulto mayor.


Redacción. El UNiversal. (2019). Viven en riesgo 13 millones de adultos mayores: CNDH. 2019, de El Imparcial. Sitio web: https://www.elimparcial.com/mexico/Viven-en-riesgo-13-millones-de-adultos-mayores-CNDH-20190615-0046.html


Juan Antonio Hernández. (2019). Violencia contra adultos mayores aumenta en el estado. 2019, Agencia Quadratín. Sitio web: https://sanluispotosi.quadratin.com.mx/principal/violencia-contra-adultos-mayores-aumenta-en-el-estado/

franja alcanta im.jpg