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  • Foto del escritorLa Rata

Tareas pendientes del Estado; sanarnos, reconstruir el tejido social, compromiso de todas y todos


Fotografía: María Medrano


Por:  Marite Hernández Correa.


El corazón duele cuando hablamos de pérdidas irreparables por la violencia, el desgarro del corazón es hondo y fuerte, no hay palabras para un padre, para una madre, para la familia.  


El vacío de la pérdida de un ser querido representa un daño para toda la sociedad, es una afrenta a la vida de nuestros seres queridos, es la repugnancia, el coraje, la pena, el dolor, el miedo, las lágrimas.


No hay en el momento presente, una sanación al corazón desecho, a la rabia, a la impotencia que representa ser vejado en el arrebato de la vida de un ser amado. 


El dolor es colectivo, pues somos un todo y como seres humanos y humanas, no somos indiferentes ante el dolor y la pérdida, o no deberíamos serlo, cuando presenciamos o somos partícipes de ese dolor que rebasa cualquier racionalidad, sin embargo, en medio de la tristeza, atreverse a guardar la cordura de intentar superar día a día la pérdida. 


Con todo ello, nuestro dolor se transforma en reconstruirnos, buscar sanarnos, seguir buscando la justicia y mejores alternativas para un mundo sin violencias.


Vivimos en un mundo que ha naturalizado  y normalizado las violencias, la guerra, los conflictos, las masacres, la ignominia. 


Siguiendo la reflexión para esta contribución diré que, si comprendemos que el dolor es colectivo, nos corresponde a todos y todas reconstruir lo que hemos llamado el tejido social, reflexionar y contribuir desde nuestras experiencias y saberes, abordar las causas profundas de las violencias,  las desigualdades que están interrelacionadas, la pobreza, las injusticias, la falta de oportunidades y posibilidades para los y las jóvenes, a las mujeres, a las personas integrantes de pueblos originarios y demás características que dentro de una sociedad se vuelven personas en estado de vulnerabilidad.


Una sociedad que tiende a criminalizar a los jóvenes, que no brinda un sostén de derechos, está condenada a vulnerarlos y por tanto, es obligación del Estado brindar posibilidades que les permitan desarrollarse en momentos claves de la vida, ofrecer distintas posibilidades, no sólo de formación académica, a acceder a una educación pública, gratuita, de calidad y obligatoria. Sino también lúdica: arte, deporte; ayuda mutua, cuidado al medio ambiente, protección y defensa de los humanos y no humanos; generar una conciencia crítica de empoderamiento que nos permita analizar las realidades del mundo y entornos comunitarios. 


Brindar herramientas socioemocionales, salud y medicina alternativa, que nos ayude a comprender la enorme complejidad que somos como seres humanos y humanas, el enfoque de solidaridad y construcción de paz en nuestros entornos más cercanos como la familia, la comunidad, el barrio, los espacios laborales.


Por tanto, será imprescindible tener una mirada  desde los derechos humanos, adolescencias, infancias, más amorosa y comprensiva,  quitar la mirada adultocéntrica.



El Estado debe poner el tema de los derechos de los jóvenes, niñas y adolescentes como una  prioridad en su agenda gubernamental. 


Para ello, es importante que adopte un enfoque donde son necesarios espacios lúdicos y de  esparcimientos, donde sean ellos, ellas y elles contemplada como sujetos de derechos, escuchadas en sus propuestas, creativos, con sueños y que luchan por no ser estigmatizados por su apariencia, gustos o decisiones, que luchan por no ser discriminados, violentados, reprimidos o asesinados o asesinadas.


En el ámbito de los derechos de las y los jóvenes, niñas, adolescentes, está el tema del acceso a una menstruación digna, así como sus insumos, para que las adolescente no falten o deserten en la escuela por la falta de ellos, así como garantizar los  derechos reproductivos y sexuales, la  interrupción legal del embarazo. El Estado debe garantizar y  reconocer de manera amplia en las políticas públicas estos derechos. Se hace un exhorto desde la sociedad civil a legislar en la materia.



Las políticas públicas deben contemplar una pericia integral humana, desde las ciencias sociales y humanidades, como la antropología, la sociología, y otras disciplinas, igualmente las ciencias médicas, estadística; asimismo, incorporar otras enseñanzas espirituales y alternativas, que nos ayuden a ver la  complejidad social, económica, política.


Así, en colectivo, brindar formas de reconstruirnos como sociedades comprensiva de las diferencias,  promover, familias más seguras, comunidades justas,  inclusivas, democráticas. Todas las políticas públicas deben implementar en sus estrategias la  realización del  trabajo de campo, observación participante,  levantamiento de datos cualitativos y cuantitativos que permitan aprehender la realidad para intervenirla y transformarla, pero de acuerdo a las necesidades y carencias de sus habitantes. 


Esto nos permitirá  tener la evidencia y el compromiso de largo aliento, con  impacto y resultados medibles, no desde el escritorio, somos muchas San Luis Potosí, muchas Méxicos, que necesitamos las políticas públicas con enfoque de derechos humanos, juventudes, niñez, multicultural y de género, poner en sus cimientos la eliminación de las violencias y discriminaciones en todas sus formas y modalidades. Ofreciendo alternativas y posibilidades en el acceso a los derechos económicos, sociales, culturales, y ambientales. 


Como propuestas, encuentros con las y los jóvenes, donde sean ellas, ellos, elles, los que saquen la voz y sean incluidas en estrategias medibles para sus requerimientos, donde surja o se establezcan las bases para una agenda, encuentros, conferencias, talleres, conversatorios, intercambios, becas, ferias lúdicas de artes, conciertos, parlamentos de jóvenes, tendrá que ser desde sus territorios.


La mayoría de las veces esto permitirá registrar dinámicas y necesidades específicas. Hay colonias donde no existen parques, o están abandonados, no hay casas comunitarias, no hay centros de salud, preparatorias, bibliotecas, jardín de niños y niñas, guarderías, medios de movilidad, comedores comunitarios, albergues,  pero sí se identifica la inseguridad: baldíos, antros, parques abandonados,  bares, casas de masaje, puntos de ventas de drogas, espacios inseguros, obscuros, calles intransitables e insalubres. 


Son importantes las estrategias de coordinación con planes y estrategias medibles para el sector donde se pretende intervenir, con un trabajo de sensibilización y comunitario, donde sean ellos y ellas, sus colonias, partícipes y tomados en cuenta.


Donde existan  resultados medibles para las personas, no solo para la foto,  de eso ya estamos cansados y cansadas, entre todas las Secretarías y actores sociales, políticos, académicos, universidades, asesoría internacional en el rubro que los ocupe.


Otro de los enormes pendientes en las agendas gubernamentales es la violencia feminicida, que de fondo es un dolor que tenemos como sociedad y un pendiente en acceso a la justicia,  han sido las madres y familias de las mujeres víctimas de este flagelo, quienes han puesto en jaque al estado mexicano, por no abordar con estrategia de investigación, seguimiento, justicia restaurativa y perspectiva de género, entre otros elementos.


Seguimos viviendo en una sociedad machista, patriarcal, discriminatoria y violenta, entendiendo estos conceptos no solo como procesos culturales que reproducen las violencias domésticas, los estereotipos de género, la minimización y cercenamiento de la  voz de las mujeres y sus necesidades, las mujeres tenemos miedo dentro de esta estructura patriarcal, no debe haber asesinatos de mujeres por motivos de género, cada vez que sabemos de una situación, nuestro corazón duele, pues pensamos en las víctimas, en la familia, en los hijos e hijas abandonados, el Estado debe poner en el centro la eliminación de las violencias estructurales ya, ¡ni una más ni una ,ni una asesinada más!


Elementos sociales en los que hay que trabajar, planear estrategias gubernamentales coordinadas,  sensibilizarse, capacitarse en todos los rubros en materia de nuevas masculinidades, derechos humanos de las mujeres y de las niñas, tipos y formas de violencias,  para no ejercer gobiernos patriarcales, misóginos y violentos, desde el Estado implementar no sólo campañas mediáticas temporales, sino permanentes en todos los ámbitos de la vida pública, espacios seguros y con movilidad exclusivo de mujeres, activar los protocolos y todo el andamiaje jurídico nacional e internacional en materia de violencias.


Así como un trabajo de sensibilización en los medios de comunicación, promover la representación de las mujeres sin estereotipos y roles que reproducen las violencias, así como ser aliados en la denuncia de dichas violencias de género y divulgar información sobre las violencias de género y sus consecuencias. 


Como sabemos, la repercusión social  es positiva, si avanzamos en estos rubros con una perspectiva participativa y generosa, romper  viejos paradigmas, roles,  estereotipos, formas de hacer y ver la política, desde una visión masculina autoritaria y violenta, que afecta a todas y todos, ir transformando hábitos, actitudes de fuerza, normalización, invisibilización, represión, palabras, comentarios, sentires, de ver a las mujeres como sujetas plenas, con autonomía, y derechos propios, instalando formas armónicas solidarias  y justas para todas, todos y todes.


Las instituciones han normalizado el acoso sexual, laboral, el hostigamiento sexual, la trata de personas, las violencias hacia las niñas y niños, donde el feminicidio es el tipo de violencia más vergonzante hacia las mujeres y la sociedad, no solamente necesitamos medidas de prevención, como la educación, trabajar la conciencia del respeto entre las personas, promover la igualdad de género, apoyo a las víctimas de una manera eficaz, inmediata y eficiente, un trato justo y humano. 


Así como acabar con la impunidad, pues si los casos quedan sin resolver y la investigación se realiza sin perspectiva de género, se perpetúan las violencias; el Estado sigue quedando en deuda con las familias.Y por tanto no hay justicia para las víctimas ni para la sociedad. Así mismo tener un viraje, desde la administración pública interseccional, esto implica reconocer que las mujeres no somos un grupo homogéneo y que las experiencias de violencias pueden estar influenciadas por factores como la raza, la clase social, la orientación sexual y otros. 


Es importante la coordinación entre las instituciones, la atención,  debe ser efectiva, y verse como un todo, para evitar que la atencón a las víctimas y su situación queda fragmentada.  Entender que la violencia feminicida es sistémica, pues está arraigada en patrones culturales y sociales que normalizan la violencia, romper dichos patrones implica un esfuerzo profundo en la sociedad y las instituciones, así como tener una comprensión más amplia de las dinámicas sociales locales, contextos específicos, las prácticas culturales y las experiencias de las víctimas.


Así como el análisis de las estructuras de poder, la discriminación de género, pues todos estos factores contribuyen a la comprensión de la violencia contra las mujeres.  Por tanto, la administración pública debe ponerlos en el centro de sus prioridades, brindar un servicio público más humano es parte de la esencia de Estado.


La violencia feminicida en México sigue siendo un grave problema, sabemos que las leyes son un avance,  pues éstas han visibilizado la enorme problemática que padecemos, pero estos avances legislativos han sido por la enorme presión, lucha y dolor de las familias de las personas víctimas; se necesita garantizar que las víctimas tengan el acceso a servicios de apoyo y protección y ser tratadas  de manera digna por las instituciones, así como fomentar redes de atención integral que incluya profesionistas de la salud, asistentes sociales y abogados y abogadas especializados en género y herramientas que permitan atender de manera empática.


Nos falta mucho, sin embargo, solo la organización y la conciencia que atravesamos por una crisis civilizatoria nos permitirá comprender que todas y todos tenemos corresponsabilidad y estamos obligadas a brindar nuestra voz y granito de arena para ir construyendo juntas y juntos un mejor estadio para las y los que vienen atrás de nosotr@s.

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