Santiguarse antes de bajar: ritual diario de los mineros
- La Rata

- 29 abr
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Por: Joce Benites
Es jugarse la vida en la mina, porque no sabe uno si va a salir bien o va a quedar ahí atrapado, pero pues, los que estamos en este barco hay que seguirle de frente.
Humo, gases, humedad, temperatura alta es el pan de cada día, que viven en cada jornada de trabajo los mineros, "no hay de otra es lo que nos tocó vivir." Dice Gil al inicio de la entrevista.
La vida en la mina es dura incluye sufrimientos, cansancio, peligros o enfermedades, ese es sin duda, el precio más seguro que se cobra.
Son las deudas, la manutención de una familia y el sueño de un mejor porvenir lo que obliga a un minero a abandonar su cama, aún con sueño denso y una pesadez que se siente hasta en las uñas.
A veces con frío o lluvia; si toca el turno vespertino de trabajo, se tienen que soportar los fuertes rayos de sol que produce el clima seco. En cambio, si es de noche, toca educar al organismo para que no sienta hambre, ni sueño; es toda una aventura, porque el día comenzará esta vez, a la inversa de las manecillas del reloj.
Solo algunos se atreven a laborar en esas bocas de lobo, que roban el aire y los hace sudar a chorros; valerse simplemente de una santiguada al momento de levantarse o antes de iniciar la jornada laboral, ante el cielo y a un ser supremo para que les proteja de un derrumbe que pueda dañar una parte del cuerpo o hasta acabar con él.
¿Miedo?
No, dice Gil “he visto en 35 años de trabajo en este lugar a un compañero que se mochó la mano, nada más, pero ¡no me da miedo, andar bajo tierra! Todo es cuestión de vigilar que todo esté en orden antes de iniciar a jalar. Y si vemos una piedra suelta la sujetamos con cuidado”.
Precaución y alerta son acciones que no deben fallar y estar presentes junto a la herramienta de trabajo.
El ruido de la maquinaria es molesto e inquietante, que solo el golpe de la roca, aunado a la actitud y buen humor lo evaden, yo siempre estoy alegre y hasta canto, dice.
Sin embargo por los periódicos y en la televisión se informa sobre graves desastres y pérdidas humanas a causa de derrumbes de rocas en las minas, que me ponen a pensar en esos sucesos.
¿Será que la tierra también reclama o se cansa?
Puede ser, pero eso también pone sobre aviso de que algo anda mal. Lo malo es que no se presta atención a ello y son los obreros quienes padecen los efectos.
Allá en un municipio del altiplano potosino, denominado Charcas, que se caracteriza por ser un pueblo tranquilo y con poca población existe una mina desde el año de 1573, conocida comúnmente como Unidad Charcas operada por Grupo México, la cual se convierte prácticamente en la única fuente de empleo para los lugareños; allí se extraen minerales como: zinc, cobre, plata y plomo, donde sucede algo similar.
Aunque con la llegada de una maquiladora de autopartes en el año 2000 se incitó la transformación económica local. Y al no existir las suficientes opciones laborales los hombres de familia ven en ella, una opción fructífera para su familia debido a que industrial Minera México (IMSA), les ofrece un sueldo que les sirve para sostener a sus miembros consanguíneos.
En lo que piensa uno al estar trabajando en la mina, es hacer las cosas bien, primeramente Dios, checar que todo esté normal, que no haya una piedra suelta, que si tenemos con que apalancarla, pues nos ponemos a tumbarla con cuidado y pues piensa uno en el porvenir para la familia, en lo que está uno pagando para estudio de los hijos.
Pero los accidentes al interior de la mina se han hecho presentes. El 5 de octubre de 1978 sucedió uno de los accidentes mineros más fuertes registrados al interior del país, donde catorce mineros, perdieron la vida. Lo que marcó la historia de este municipio.
En el año 2014 cinco trabajadores fallecieron, mientras hacían labores de mantenimiento. Al parecer, el mecanismo de un eje se rompió desbalanceando la calesa o elevador donde se encontraban.
En 2023, se reportó la muerte de un trabajador atropellado por maquinaria pesada y otro en un accidente de vehículo.
Versiones familiares de los trabajadores fallecidos en 2014 culpan a Industrial Minera México por el accidente y según publicaciones periodísticas añejas, argumentan que no existe la suficiente seguridad y condiciones laborales.
Las actividades mineras, hasta ahora, continúan con riesgos, porque según los propios trabajadores de una zona en superficie, la rampa general presenta demasiadas inconsistencias y pone en riesgo a los empleados.
Y de viva voz dicen:
La rampa está muy mal y es un martirio porque va uno a brinque y brinque, y pues se necesita que la empresa le diera un mantenimiento bueno y que hubiera alumbrado para todo, hasta donde va uno”, dice Juan.
Es inevitable pensar en que se pudiera quedar atrapado en los socavones, como ya ha sucedido en este municipio y demás estados y países. El minero en cambio sostiene en su mente, pies y manos la suficiente fuerza para trabajar.
Y aunque algunas vidas han ya perecido en esos lugares, se sabe que el sol también luce bajo la tierra y sin necesidad de encender lámparas.
El miedo en la mina solo se tapa con casco, botas industriales, pantalones largos, guantes y hasta lentes para evitar que el peligro ataque al cuerpo.
Por eso y con todo ello, el obrero se resigna a permanecer en ese laberinto de túneles, porque las pocas opciones laborales y la necesidad económica, son más fuertes que la propia seguridad física.
Yo elegí ser minero porque en los tiempos que entré no había fuentes de trabajo aquí en el pueblo y era el único lugar que había, pues ya como quiera, con 35 años ya estás para pensarle y le seguimos por la familia y llevar el sustento a la casa. No es que nos guste mucho el trabajo, pero muchas veces la necesidad nos hace andar bajo tierra, dice Gil.
En el municipio además de la mina existe la explotación de recursos no metálicos y materiales como ónix y mármol; opera además una maquiladora de autopartes denominada Arnecom, misma que se instaló en el año 2000 y comenzó a instalarse posterior a estudios realizados de factibilidad.
En tanto, los hombres de este municipio, no cuentan con gran número de oportunidades laborales, las familias en su mayoría son de clase media y media baja, con por lo menos cuatro o cinco miembros incluyendo a los progenitores, aunque en ocasiones se suman a los abuelos, no existe más opción que ser minero.
Algunos mineros ya por ser un trabajo heredado de sus padres y abuelos, continúan para conservar una antigüedad en la empresa.
Pero como dicen algunos mineros, los sueños no se hacen realidad por arte de magia, se requiere de trabajo duro.






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