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Más allá del marcador: la esperanza que dejó México



Por: Joce Benites


A pocos días de que se celebró el quinto y último partido de la selección mexicana dentro del mundial 2026 aún se respira tristeza e impotencia entre los aficionados.


Hay críticas constructivas como destructivas, sin embargo, todos los partidos dejaron detalles que analizar, sobre todo la última participación que se tuvo, porque sin duda se observó un muy buen sabor de boca entre las y los aficionados, quienes coinciden en que este último fue un partidazo.


Cuando las cosas empiezan mal y, además, todo ocurre con tanta rapidez, es común bajar los brazos y perder el ánimo, tal como sucedió cuando cayó el primer gol y, apenas unos instantes después, llegó el segundo.


Fue tan fácil olvidarse del ánimo y las esperanzas que se conservaron desde el primer enfrentamiento pero, ¿Qué fue lo que sucedió? Al momento aparece ese gol que indicaba que, aún había mucho por demostrar, es así que la afición se mantuvo atenta hasta el final del partido y de inmediato rescato esa esperanza que prevaleció todo este tiempo.


No fue del todo una noche triste, como muchos la califican. Quien observa y analiza más allá de lo evidente no solo mira: también percibe las emociones, las reflexiones y enseñanzas que permanecen cuando el partido termina.


Entonces renace el orgullo por el país y con él la convicción de seguir luchando, pese a las adversidades y a las malas intenciones de unos cuantos, representadas hoy por gobiernos que con frecuencia decepcionan a la ciudadanía. Como dice la conocida frase, "somos más los buenos".


Y aunque la corrupción y los intereses económicos persistan, tanto al interior de la FIFA como en otros ámbitos de la vida pública, resulta poco sensato renunciar a la esperanza o dejarse vencer por el desánimo. Al final, creer en la capacidad de una sociedad para transformarse también es una forma de resistencia.


Por el contrario seguir peleando en la vida hasta que las circunstancias sean favorables, tal y como lo hicieron esos jóvenes y adolescentes en la cancha.

Es cierto que el futbol no resolverá los problemas del país, pero sí puede enseñarnos la forma cómo debemos enfrentarlos: con entrega, trabajo en equipo, solidaridad y la convicción de no rendirnos.


Ojalá ese mismo entusiasmo que despierta la selección nacional permanezca cuando se trata de construir un mejor país. Porque, al final, la vida también se juega todos los días, y la única manera de hacerlo es con esperanza, valentía y el corazón por delante.


¡Que viva México y su solidaridad!

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