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"Por si amamos": la persistencia de lo que no se dice

  • Foto del escritor: La Rata
    La Rata
  • hace 1 día
  • 2 Min. de lectura

Por: Adriana González


En el panorama del teatro contemporáneo pocas veces nos encontramos con obras que decidan desnudar la vulnerabilidad humana sin caer en el melodrama gratuito. “Por si amamos”, la pieza escrita por el dramaturgo Víctor M. Méndez Campos, se presenta no solo como una obra de teatro, sino como un espejo incómodo, pero necesario sobre la naturaleza de los vínculos y las cicatrices que dejamos en el otro.


La narrativa de Méndez Campos se aleja de las estructuras lineales convencionales para sumergirnos en un mosaico de momentos. La obra explora la fragilidad de las relaciones, el peso del pasado y esa extraña inercia que nos mantiene unidos a personas que, a veces, ya solo habitan en nuestro recuerdo o en nuestras heridas.


A través de una puesta en escena que privilegia la intimidad, el espectador deja de ser un observador pasivo para convertirse en un confidente involuntario de los personajes.


La estructura de la obra desafía la cronología lineal para estimular la forma en que funciona la memoria emocional. Méndez Campos no nos presenta un relato de principio a fin, sino un rompecabezas de recuerdos y proyecciones. Esta manipulación del tiempo permite que el espectador experimente la simultaneidad del dolor y la alegría; vemos el desgaste de una relación al mismo tiempo que vislumbramos el destello de su inicio. Esta decisión narrativa subraya la tesis de la obra: el pasado nunca está realmente muerto, sino que sobrevive en el presente, condicionando cada uno de nuestros intentos por volver a amar o por dejar ir definitivamente.


Méndez Campos logra una proeza estilística al elevar el habla común a una categoría poética sin que pierda su naturalidad.


En “Por si amamos”, las palabras no solo sirven para comunicar, sino también para ocultar y protegerse. Los diálogos están cargados de subtexto, donde lo que se calla es a menudo más devastador de lo que se dice.


El uso de objetos mundanos como anclas de la memoria transforma la escenografía en un campo de símbolos: una prenda de vestir o un mensaje sin enviar se convierten en vehículos de una carga emocional abrumadora, demostrando que la tragedia humana no reside en los grandes eventos, sino en pequeños detalles que componen una vida compartida.


A pesar de la especificidad de los conflictos que enfrentan los personajes, la obra logra conectar con una fibra humana universal: el miedo al abandono y la persistencia de la esperanza.


Méndez Campos retreta la vulnerabilidad, sino como el estado inevitable de quien se atreve a vincularse con otro. Al despojar a los personajes de pretensiones heroicas, el autor permite que el público se reconozca en sus dudas, sus egoísmos y sus anhelos. La obra deja de ser la historia de “otros” para convertirse en una exploración colectiva sobre por qué, a pesar de los riesgos del naufragio emocional, el ser humano sigue buscando desesperadamente el puerto del afecto.


“Por si amamos” es una invitación a la reflexión silenciosa. Es una obra que no termina cuando se apagan las luces del escenario, sino que se va a casa con el espectador, provocando preguntas punzantes sobre nuestras propias decisiones afectivas. Es, en esencia, un recordatorio de que el amor no siempre es un destino seguro, sino a veces, el aprendizaje que surge tras el naufragio.

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