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La primera vez que participé en la Procesión del Silencio



Por: Jazmín Ramírez García


 La noche se llegó, las luces se apagaron y cientos de familias, turistas, parejas, visitantes, niñas, niños y personas adultas llegaban por un costado de la iglesia del Carmen. Había muchas cofradías formadas esperando empezara la Procesión del Silencio, se escuchaba mucho bullicio de las mismas personas, nervios, pero sobre todo se veía muchos rostros llenos de fe, de confianza y esperanza.


Dieron las 20:00 hrs. Los tambores retumbaron y las cornetas empezaron a sonar, mi corazón se sentía acelerado porque sabía que pronto nos tocaría pasar, la espera cada vez se hacía más larga, más corta; ese sentimiento de no saber qué quería que pasara, y es que cuando es la primera vez que participas en algo, todo es nuevo, no sabes qué pasará, cómo te sentirás, qué es lo que te espera, solo sabes lo que otras personas cuentan: "es cansado, se te hinchan los pies, te puedes marear, y un sin fin de etc.”


A las 9:30 pm pasamos por adentro de la iglesia del Carmen, ya todos los integrantes de la cofradía en su lugar, acomodados y llenos de fuerza para empezar, vi como cargaban la cruz barroca y la imagen de Nuestro Padre Jesús del Silencio, la banda de guerra dio comienzo y empezamos nuestro recorrido.


Pasamos las primeras calles con paso firme, ligero, y con toda la fe con la que se puede vivir la Procesión del Silencio, porque después de todo es un acto de fe, de cariño hacia María; poder acompañarla en su dolor, y estar ahí presente, mientras se vive esto que llamamos pasión de cristo.


Yo solo había escuchado, leído e incluso algunos años fui a ver la procesión; veía a las personas que procesan como parte de una comunidad a la que veía muy lejana, pero este año, por primera vez decidí ser parte de ella, vestirme como dama de rebozo y salir a procesar. La vestimenta es muy bonita: vestido negro, zapatos negros y un rebozo rojo hermoso que aparte de elegante es sobrio y eso hace que luzca mucho.


Conocí mucha gente que comentan que asistir a la procesión es un acto de agradecimiento a algo que pidieron y se les concedió, algunas otras personas decían que es la forma de hacer una petición, otras tantas simplemente prometieron hacerlo hasta que la vida y la salud se los permita.


Así que, sea la razón por la que sea, íbamos todos y todas acompañándonos y siendo participes de lo mismo y teniendo en mente un mismo objetivo que es el de terminar la Procesión de la mejor manera y acompañar la imagen que lleva nuestra cofradía.




A mitad del recorrido, ya sentía un poco de cansancio en los pies por las zapatillas, pero no fue impedimento para continuar adelante y mucho menos para desistir de hacerlo. Minutos más tarde ya se veía a lo lejos la plaza del Carmen, señal de que el recorrido estaba por concluir, cada vez se acortaba más la distancia, en el trayecto yo iba orando e iba analizando cada una de las cosas que pasaban y que veía, alrededor de las 23.30 hrs. concluyo el recorrido de la cofradía con la que yo iba.


Llegar a la meta deseada da una sensación de mucha satisfacción, ya en la valla que armamos para que todos los integrantes acaben el recorrido pude ver a mi papá que ya estaba esperándonos a mí y a mi hija que también participaba por primera vez, con su cara de alegría y emoción nos abrazamos prometiendo regresar cada año y seguir posesionando.

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