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Entre el “qué bonito tenerles en casa” y el “¿cuándo regresan?”: las vacaciones también pesan a las mamás

  • Foto del escritor: La Rata
    La Rata
  • hace 2 días
  • 4 min de lectura
  • Para algunas madres, el verano significa disfrutar más tiempo con sus hijos; para otras, resolver cuidados, trabajo, actividades y gastos mientras cuentan los días para el regreso a clases.


Por: Jazmín Ramírez García


Hay una frase que podría resumir las vacaciones de verano para muchas mamás: “les quiero mucho, pero ya necesito que regresen a la escuela”.


Y no es falta de amor.


Es cansancio, organización, trabajo, pendientes, comidas que preparar todos los días, niñas y niños que preguntan qué van a hacer, adolescentes que quieren salir y una agenda que no se detiene aunque el calendario escolar diga vacaciones.


Para otras madres, en cambio, estas semanas han sido precisamente lo contrario: una oportunidad para despertar sin prisas, desayunar juntos, salir a caminar, ver películas, visitar familiares o simplemente disfrutar de tener a las y los hijos en casa antes de que vuelva la rutina.


Entre ambos extremos existe una realidad mucho más amplia: cada mamá vive las vacaciones de manera diferente.


- Las que quisieran detener el verano


Para algunas madres, el final de las vacaciones llega demasiado pronto.


Son quienes aprovechan estos días para convivir con sus hijos e hijas, porque durante el ciclo escolar las mañanas comienzan con prisas, las tardes se llenan de tareas y actividades y, cuando finalmente llega la noche, solo hay cansancio.


Tenerles en casa significa compartir una comida sin mirar el reloj, escuchar historias que normalmente se quedan a medias y descubrir que las y los hijos, aunque hagan más ruido y ensucien un poco más la casa, también están creciendo.


Y para algunas mamás, eso es lo que más pesa cuando llega agosto: darse cuenta de que otro verano se terminó.


- Las que ya no saben qué hacer


Pero también están las madres que ya agotaron el repertorio.


Primero fueron las películas, después los juegos, una visita al parque, una salida por un helado, algún museo, la casa de los abuelos y hasta la clásica frase de “a ver qué hacemos hoy”.


Y mientras las y los hijos preguntan qué actividad sigue, mamá revisa el reloj porque todavía faltan varios días para volver a clases.


El problema se vuelve todavía mayor cuando mamá trabaja durante las vacaciones.


Para ellas, que las y los niños no tengan clases no significa que tampoco haya obligaciones.


Hay que cumplir con el horario laboral y, al mismo tiempo, resolver quién les cuida, qué comen, cómo se entretienen y cómo se acomodan las actividades familiares.


No todas tienen la posibilidad de pedir vacaciones en las mismas fechas que sus hijas e hijos.


No todas pueden pagar un curso de verano.


No todas cuentan con abuelas y abuelos, familiares o una red de apoyo.


Y tampoco todas tienen la energía para convertirse durante siete semanas en animadoras, cocineras, choferes, cuidadoras y trabajadoras al mismo tiempo.


- El verano también se paga


Cuando finalmente llega la fecha del regreso a clases aparece otro reto: el bolsillo.


El regreso a las aulas implica mucho más que comprar unos cuantos cuadernos.


Para muchas familias significa revisar qué uniforme todavía sirve, cuáles zapatos quedaron pequeños, si la mochila puede sobrevivir otro ciclo y qué materiales deben comprarse nuevamente.


A eso pueden sumarse cuotas, inscripciones, libros, transporte, actividades extracurriculares y otros gastos que llegan prácticamente al mismo tiempo.


La hoja con los útiles puede comenzar con algo tan sencillo como “cuadernos y lápices”, pero conforme avanza la compra aparecen colores, pegamento, tijeras, juegos de geometría, material para actividades, etiquetas, forros y todo aquello que cada escuela solicita.


Después viene el uniforme.


Y si hay más de una hijo o hijo en edad escolar, la cuenta se multiplica.


Para una madre que además trabaja, hacer las compras puede convertirse en otra jornada: comparar precios, recorrer tiendas, buscar tallas, revisar qué puede reutilizarse y decidir qué puede esperar.


Algunas veces no todo se compra nuevo.


Hay mochilas que pasan de un hermano a otro; uniformes que se heredan; zapatos que todavía tienen unos meses de vida y útiles que quedaron prácticamente intactos.


No es solamente ahorrar.


También es una manera de estirar el presupuesto familiar.


- El regreso ya tiene fecha


Para las familias que comienzan a prepararse, el calendario oficial de la Secretaría de Educación Pública (SEP), establece que el ciclo escolar 2026-2027 comenzará el lunes 31 de agosto y contempla 185 días efectivos de clase.


Eso significa que la cuenta regresiva ya comenzó.


Quedan los últimos días para disfrutar o sobrevivir al verano, terminar pendientes, completar las compras y volver poco a poco a los horarios.


Para algunas mamás será momento de respirar.


Para otras, será momento de extrañar.


No existe una mamá “correcta” para las vacaciones.


Quizá una de las partes menos visibles de las vacaciones es la culpa.


La culpa de la mamá que está deseando que sus hijos regresen a clases.


La culpa de quien no pudo llevarlos de viaje.


La culpa de quien tuvo que dejarles al cuidado de alguien más porque tenía que trabajar.


La culpa de quien no pudo comprarles todo lo que les pidieron.


Y también la culpa de la mamá que sí disfruta tenerlos en casa, pero que termina agotada.


Pero ninguna de esas emociones significa que una madre quiera menos a sus hijas e hijos.


Se puede amarles profundamente y necesitar un descanso.


Se puede disfrutar de su compañía y al mismo tiempo extrañar cinco minutos de silencio.


Se puede querer que las vacaciones duren para siempre y, a la vez, mirar el calendario con la esperanza de que llegue el 31 de agosto.


Detrás de cada uniforme limpio, cada mochila preparada y cada lonchera lista hay una mamá que probablemente hizo cuentas, sacrificó algo, reutilizó lo que pudo, buscó ofertas, organizó horarios y trató de que sus hijas e hijos comenzaran un nuevo ciclo de la mejor manera posible.


Y cuando finalmente suene el despertador el primer día de clases, habrá quienes celebren el regreso a la rutina y quienes se queden unos segundos más en la puerta viendo a sus hijas e hijos irse.


Ambas estarán haciendo lo mismo: acompañarles mientras crecen, aunque cada una viva el camino de manera distinta.

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