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Defender la Naturaleza: La lucha por la vida


Por: Marite Hernández Correa


¿Qué significado tienen los derechos de la naturaleza? La reflexión es urgente necesaria y compleja, pues dicho reconocimiento implica un rompimiento a nuestro rígido modelo de derecho positivo mexicano, del monismo al pluralismo jurídico, del dogma a la construcción de consensos, y acuerdos que sean colectivos y participativos, del patriarcado, a un modelo de respeto y reconocimiento a las diferencias y a la madre tierra.


Asimismo, la necesidad de un cambio en nuestro “chip” mental como ciudadanos y ciudadanas, de sentirnos el centro del universo, de creernos que como seres humanos, somos los únicos sujetos de derechos, quienes pretendemos controlar, aprovechar y explotar la naturaleza porque está a nuestros servicios y deseos.


La pregunta pretende hacernos reflexionar sobre los derechos de la naturaleza como un derecho fundamental en torno a las enormes contradicciones que vivimos como sociedad.

Si bien es cierto, que la reflexión tiene infinitas aristas, pretendo basarme en el enorme deterioro que hemos hecho como humanidad, que nos acerque a la alarma que nos dirige a pensar cómo nos estamos autodestruyendo.


Sí, pretendo ser catastrofista, pues la situación de desgaste, de destrucción en un sistema económico, político neoliberal nos ha llevado a estos niveles de desconexión con la naturaleza, con la tierra, la destrucción de flora, fauna, los manantiales, ríos, arroyos.


El anteponer el supuesto desarrollo al cuidado y protección de los espacios colectivos y bienes comunes, ha acarreado el desdén de la población y de las autoridades gubernamentales que nos hemos conformado por ver pasar ante nuestros ojos los cambios rotundos de las pérdidas cada vez más drásticas de bosques, manantiales, contaminación de ríos, arroyos y mares, extinción de flora y de fauna, sin inmutarnos ante estos hechos, con los que cavamos nuestras propias tumbas.


El sistema económico capitalista, que ha distinguido a la sociedad moderna, vive su máximo esplendor, destruye montañas, tala árboles, destruye bosques, contamina ríos, despoja territorios, legaliza la minería a cielo abierto, de muerte y destrucción irreversible para los mantos acuíferos, la flora y fauna los humanos y no humanos. Un sistema que antepone la ganancia al bien común y colectivo, un sistema deshumanizado, forjado en la sangre, la destrucción y la imposición del poderoso.


Resulta complejo, pero no imposible, revertir el daño ocasionado, pues estamos en una crisis socioambiental sin parangón, despojadora y explotadora de los recursos naturales, o la enorme indiferencia con la que actuamos los seres humanos frente a la catástrofe.


Por tanto, es urgente cambiar este paradigma depredador e injusto. Necesitamos ver a la naturaleza como algo común a todas, todos y todes, comprender la conexión imprescindible como seres vivos y nuestra sobrevivencia. Pues somos parte de la Naturaleza. Animémonos, a tomar los ejemplos del nuevo constitucionalismo latinoamericano, que es la inspiración que nos provoca.


Necesitamos urgentemente cambiar de narrativas individualista a narrativas colectivas y del bien común, donde paremos, donde se brinden pausas que nos ayuden a reflexionar como sociedad las prioridades que venimos cargando, como ejemplos contundentes, la brecha de desigualdad, pobreza, injusticias, la violencia feminicida, el cuestionamiento con alternativas a este modelo político-económico que se instaura y afianza cada vez más.


El derecho ya no puede ser autoritario, y seguir pensando que la superioridad del ser humano es lo único que vale, o que debe tener prerrogativas y derechos humanos, la naturaleza, entendida como el reconocimiento de los derechos de la naturaleza y sus componentes, en el que se busca que se conserven los sistemas de vida y los procesos naturales que la sustentan para proteger el derecho al medio ambiente sano y el derecho a la salud.


Vale traer a la memoria que el 19 de marzo del 2020, el Bloque Parlamentario de Morena presentó una iniciativa de reforma constitucional motivada por la participación de científicos y ciudadanos comprometidos; sigue siendo de gran trascendencia su aprobación, ya que esta Reforma Constitucional obligará a las potosinas y potosinos a respetar la naturaleza, con la tutela del Estado para el bienestar común.


No perdemos la esperanza de que los legisladores y las legisladoras potosinas estén a la altura de sacarla de los empolvados archiveros del Congreso y defender como uno de los principios fundamentales de los derechos de todas, todos humanos y no humanos.


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