Sin saberes feministas no hay derechos humanos: el libro que nos obliga a dejar de ser espectadores
- La Rata

- hace 6 días
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Por: Mariana Castillo
La presentación de esta obra abrió un espacio al testimonio colectivo sobre la urgencia de desmantelar un sistema legal que ignora las vivencias de las mujeres, rescatando procesos de lucha desde las memorias ciudadanas hasta la exigencia de protocolos dignos para víctimas de feminicidio y mujeres en reclusión. La obra se presenta como la prueba de que, “sin una perspectiva feminista, la justicia es solo un concepto incompleto”.
Sin saberes feministas no hay derechos humanos es una obra coordinada por Lourdes Miranda y Marcela Fernández, que fue presentada ante una audiencia que escuchó cómo la academia, la militancia y el dolor de las víctimas se entrelazan para denunciar las fallas de un sistema judicial que sigue siendo profundamente patriarcal. Que con cada muestra de indiferencia, obliga a las mujeres, poco a poco, a construir su propia justicia "a base de fregadazos".
El fin de la presentación fue clara: es necesaria la visibilización de la lucha y el dolor de las familias de víctimas de feminicidios y de mujeres privadas de su libertad, para dejar de verlas como un número estadístico más y empezar a asimilarlo como una realidad que necesita ser comprendida y transformada.
Lamentablemente, asistir a una presentación o leer una reseña no es suficiente y por eso esta plática invita a reflexionar: hay que hacer nuestra la información, de lo contrario, solo será información estéril.
No basta con saber que existen deficiencias en la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEEAV) o que las mujeres en prisión sufren un abandono doble; es necesario que esa información nos atraviese para que el dolor ajeno deje de ser ajeno. Porque al final esto nos afecta a todas y vivimos en una realidad donde el derecho actual —ese "dinosaurio" androcéntrico del que hablaba la académica Marcela Fernández— distorsiona la justicia.
Por eso, como dijo Laura Saavedra, “despatriarcalizar el derecho es vital”, porque el discurso actual universaliza al "hombre blanco burgués" y borra los saberes, experiencias y sentires de las mujeres.
Marcela Fernández nos recordó que las mujeres producen una ética que el derecho ignora: “El liberalismo jurídico... es individualista, competitivo y habla de un sujeto que no tiene contexto social. Esa es una explicación distorsionada".
Es por esto que Laura nos recordó que escribir desde la teoría crítica feminista es un acto político: "No se trata solo de escribir por escribir... las voces que escogemos para narrar lo que queremos decir tienen componentes políticos". Esta reflexión nos invita a dejar de ver la teoría como algo lejano y entenderla como una herramienta que nos ayudara a cambiar esta estructura patriarcal y empezar a hacer nuestra esta realidad fisurada.
Pero el libro, más allá de la crítica y la reflexión, humaniza y vuelve carne los testimonios de quienes habitan la lucha. Compartiendo memorias como las de Karina, quien relató la historia del memorial de las víctimas, un espacio que no fue una "concesión" del Estado, sino el resultado de mujeres feministas operando dentro y fuera de las instituciones para que la memoria de las hijas no fuera borrada.
"Ese memorial no lo trabajaron ellos... sucedió porque las familias se sumaron", sentenció, advirtiendo que el gobierno ahora intenta acoplarse a ese logro como si fuera cumplimiento propio de la ley.
Y si a este punto el lector se está preguntando: ‘¿Y por qué debería importarnos?’, sería bueno retomar lo que dijo Frida Viramontes: la justicia institucional casi siempre llega tarde.
Frida ha trabajado en un protocolo de primera actuación nacido de la experiencia que debería ser obligación del Estado y no una carga más para las familias.
"Para muchas de las familias, la búsqueda de la verdad se vuelve más urgente que la sentencia misma", reflexionó.
Una vez más, si no hacemos nuestra esta información, si no soltamos esa apatía que nos consume y no vemos que el protocolo de Frida o el memorial, son defensas contra un sistema que nos puede fallar a todos, la justicia seguirá siendo una "idea abstracta".
Porque como nos compartió Claudia, madre de una mujer privada de su libertad, en su testimonio:
"Nadie está exento de llegar a este lugar por un motivo u otro... hoy son ellas, mañana quién sabe dónde vamos a estar nosotros".
Informarse ya no es una opción académica; se ha vuelto una respuesta de supervivencia. El libro Sin saberes feminista no hay derechos humanos es una protesta ante un sistema que se desmorona y nos tira encima sus pedazos. No basta con saber que el sistema falla; hay que hacer propia la rabia y el conocimiento de estas mujeres para que la justicia deje de ser un privilegio de pocos y se convierta en una exigencia de todos. Porque al final, como dijo Claudia, todos caminamos con un pie fuera y otro adentro de un sistema que aún no aprende a llamarnos por nuestro nombre.








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