Pétalos sobre la tumba
- La Rata

- hace 12 horas
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Por: Mariana Castillo.
Las flores también tienen memoria, no se rebelan: obedecen. Saben cuándo salir, cuándo esperar, cuándo esconderse, y aun así las azucenas no deberían estar ahí. Durante años brotaron con constancia, siguiendo un calendario no escrito de la Semana Santa, pero algo en el ambiente ha cambiado. Era enero, pero el suelo estaba caliente y el aire tibio; algo se había roto y siguió funcionando como si nada. La naturaleza no se equivoca: responde. Y lo que responde hoy es el desorden que hemos normalizado.
En Soledad de Graciano Sánchez, San Luis Potosí, las azucenas comenzaron a florecer desde noviembre y regresaron en enero, meses completamente ajenos a su ciclo tradicional. Personas acostumbradas a cortarlas solo para el altar observan ahora este fenómeno con desconcierto.
Especialistas confirman que no se trata de un hecho aislado, sino de un problema relacionado directamente con los cambios ambientales que está atravesando San Luis Potosí. La pregunta no es nueva, pero ahora es urgente: ¿qué hemos roto para que incluso las plantas perdieran el sentido del tiempo?
Es triste pensar que durante mucho tiempo se habló del cambio climático como una amenaza futura, algo para después, lejano, ajeno, casi abstracto. Sin embargo, hoy vemos que ya teníamos el agua en el cuello y apenas comenzamos a ahogarnos. Las flores están alterando sus ciclos; esto ya no es una cifra en alguna parte del mundo ni un informe internacional de alguna institución, sino algo tangible, cercano, real, visible. Porque, al final del día, el problema no es que la naturaleza “se adelante”, sino que nosotros seguimos actuando como si no estuviera pasando nada y verdaderamente deberíamos empezar a preguntarnos cuánto tiempo más podremos sobrevivir fingiendo ignorancia.
Y no son solo las azucenas. En el altiplano potosino, huizaches y mezquites han llegado a florecer en pleno invierno. En otras regiones, cultivos sensibles muestran comportamientos irregulares. Pequeñas anomalías, pequeñas señales, pequeños patrones que dibujan un panorama inquietante.
El adelanto de esta flor no es un capricho vegetal, sino una respuesta directa a la actividad humana. La deforestación y el cambio de uso de suelo han incrementado la temperatura y la humedad, enviando a las plantas señales equivocadas.
Según José Antonio Ávalos Lozano, coordinador del laboratorio Variclim de la UASLP, este fenómeno provoca un grave desequilibrio ecológico. Mientras las plantas reaccionan a la temperatura y la humedad, los polinizadores dependen de los ciclos de luz y oscuridad. El resultado es un desfase: las flores aparecen cuando abejas y mariposas aún no lo hacen. En zonas como la sierra de Catorce, cultivos como el aguacate ya han registrado pérdidas por floraciones anticipadas que no logran fructificar.
Lo más preocupante es que al final del día cuidar el medio ambiente no es "salvar el planeta"; es salvarnos a nosotros mismos. Cada grado que sube, cada árbol que cae y cada ciclo que rompemos nos acerca a un final peligroso.
Así como hemos perfeccionado el arte de la desensibilización y la ignorancia deberíamos perfeccionar el arte del cuidado. Dejar de decir cosas como "qué raro está el clima" para no decir "qué tanto hemos destruido".No podemos seguir llamándonos "espectadores" de un desastre que alimentamos cada día con nuestra omisión. El cuidado ambiental es un acto de honestidad radical; es dejar de fingir que no entendemos por qué el mundo se calienta y empezar a actuar como si nuestra propia vida dependiera de ello. Porque, de hecho, lo hace.
La naturaleza está respondiendo con el único lenguaje que le queda. Ignorar estas señales no detiene el problema: lo aceleran. Y la pregunta final es si queremos seguir ahogándonos o si, por fin, vamos a empezar a nadar.







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