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Polivalente, polimorfo, polifacético.

  • Foto del escritor: La Rata
    La Rata
  • hace 10 horas
  • 3 min de lectura

  • El Festival Lila López recibió a Lukas Avendaño, muxe, antropólogo y performer premiado recientemente



Foto y texto: Federico Pastor


Réquiem para un alcaraván es una propuesta vibrante, para ser parte de una ceremonia zapoteca del Istmo de Tehuantepec, que coloca como protagonista a todas las corporalidades y disidencias que también merecen tener un “puto día de suerte” en esta vida: en el amor, en el cariño, en el reconocimiento de sus pares y en la reivindicación de su existencia.


La puesta en escena formó parte de la programación del Festival Internacional de Danza Contemporánea Lila López donde compartió con el público una reflexión sobre la diversidad, la identidad y la dignidad de las disidencias sexogenéricas a través del lenguaje de la danza contemporánea.


El alcaraván es un ave profundamente territorial que dedica su vida a cuidar de los suyos hasta su muerte, cuando decide partir en solitario, destino que comparte con muches muxes de la región zapoteca.


Desafortunades en el amor, afortunades en su tradición, les muxes representan corporalidades indígenas en resistencia que luchan incesantemente por el derecho a una vida libre de violencias, malos tratos y discriminación. Reivindican su comunidad como un baluarte vivo de la cultura zapoteca que en su polivalencia e irreverencia demuestra que el régimen heterosexual es histórico y cultural, carente de naturalidad.


El polifacético antropólogo muxe extendió la invitación a su casamiento y el público potosino aceptó calurosamente la propuesta. Comenzamos con la ceremonia del matrimonio donde el marido fue elegido entre el público y se fundieron en un ritual de apareamiento al ritmo de la danza Berelele (alcaraván en lengua zapoteca).


Una enagua tehuana que destacaba por llevar un holán de encaje blanco almidonado en la parte inferior, cubría el desflore de aquel muxe. Pétalos rojos trazaban un camino teñido de sangre, una botella de mezcal rodó por los paladares de todo el escenario y una celebración que culminó con una ceremonia para orar por las almas de les muxes que ya no están.


Los colores, el porte tehuano y la presencia de Lukas dio vida polimorfa al teatro y nos presentó más de un escenario en un recorrido por su vida, sus amores, sus ancestras y la cotidianidad de una vida hilada en la región istmeña.


El performer se funda en un gesto político que reflexiona sobre su devenir muxe, sobre sus quehaceres, su deseos, su corporalidad y su identidad colectiva. Mientras la cultura zapoteca del Istmo de Tehuantepec priva a les muxhes de la posibilidad de contraer matrimonio, Lukas se posiciona como protagonista de aquel ritual para cambiar la historia, para dejar de morir solo, para permitirse vivir un día de celebración, para luchar por les que vienen y les que ya no están.


En una pieza profundamente sociobiográfica, Avendaño propone un diálogo poético político fundido en una trama de relaciones interculturales que entrecruzan género, sexualidad y etnicidad. Valora la desobediencia de la Muxeidad, de los pueblos del sur global y de las personas migrantes para enfrentarse a los prejuicios y estereotipos que marcan y rechazan la otredad.


Como contracara, nos invita a una velada de celebración donde nadie se queda fuera de la fiesta, de la política ni de la lucha.


La potencia de su cuerpo en escena como instrumento del que se sirve para narrar y personificar sus vivencias, nos permite experimentar un giro antropológico que, sumado a su formación en danza contemporánea y su origen, forja un proceso investigativo como práctica cotidiana de su subjetividad muxe.


Quienes tuvimos la fortuna de escuchar el llamado quedamos expectantes de seguir conociendo la obra de este artista irreverente que no se limita a contar su historia sino la de un sinfín de corporalidades que sobrevivimos día a día a la miradas que estigmatizan, juzgan, menosprecian y condenan.


Reivindicó el arte de la rebeldía cotidiana que supone enfrentarse a esos discursos con nuestros cuerpos y palabras como escudo.


Lukas fue elegido por el arte para dar esa lucha, cada quien desde su trinchera aportará lo suyo.

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