Parteras en México: entre el olvido institucional y la resistencia de un saber ancestral
- La Rata

- 6 may
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Foto: Equipo de investigación CIESAS
Desde tiempos remotos, las parteras han sido figuras esenciales para la salud reproductiva de las mujeres.
En comunidades, donde el acceso a servicios de salud puede ser limitado, su labor ha representado una guía ante el abandono institucional.
Sin embargo, lejos de fortalecerse, su práctica ha sido históricamente relegada, a pesar de que según datos oficiales, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) mantiene colaboración con 2 mil 930 parteras en 18 estados, principalmente en Veracruz, Puebla e Hidalgo.
Mientras el sistema de salud reconoce su utilidad en cifras, en la práctica el modelo médico dominante ha desplazado, durante siglos, los saberes tradicionales.
Históricamente, los primeros registros de esta práctica datan de la época prehispánica, cuando las parteras gozaban de prestigio social y su trabajo se enlazaba a concepciones espirituales, donde la fertilidad y la vida constituían el propósito esencial del oficio.
No obstante, tras la conquista, la imposición de modelos occidentales derivó en la prohibición de la medicina tradicional mexica, lo que propició un proceso de despojo simbólico y profesional que aún tiene repercusiones.
A pesar de ello, lejos de desaparecer, la partería resistió.
Siglos después, su incorporación a los sistemas de salud públicos ha sido parcial y, en muchos casos, subordinada.
La falta de reconocimiento pleno, regulación adecuada y condiciones dignas para su ejercicio reflejan una deuda histórica con quienes han sostenido, en silencio, la atención de miles de mujeres.
Paradójicamente, fue una crisis sanitaria la que evidenció su relevancia. Durante la pandemia de COVID-19, el sistema de salud mexicano mostró sus limitaciones.
La readecuación hospitalaria disminuyó la atención perinatal y generó temor entre mujeres embarazadas, quienes evitaron acudir a hospitales.
Para agosto de 2021, se registraron 25 mil 64 mujeres perinatales contagiadas de COVID-19, de las cuales el 91.7% estaban embarazadas y el 8.3% en postparto, de acuerdo al artículo “Las parteras en México en los siglos XX y XXI: normatividades y espacios de trabajo”.
En este escenario, muchas mujeres encontraron en las parteras una alternativa más segura y cercana, en una práctica que el propio sistema había relegado.
A nivel internacional, el contraste es notorio:
Mientras en países como Alemania las parteras cuentan con una formación en educación superior, además de ostentar un respaldo legal y en naciones como Noruega, Dinamarca y Suecia son eje de los sistemas de salud pública, con resultados que incluyen la reducción de intervenciones innecesarias y un mejor vínculo entre madre e hijo.
En México, en cambio, la partería permanece en una zona ambigua: reconocida en el discurso, pero limitada en la práctica.
Así, entre el abandono institucional y la resistencia comunitaria, la partería expone, con cada nacimiento, las grietas de un sistema que aún no garantiza una atención digna y accesible para todas.






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