Nombres que no se olvidan: el 8M vuelve a llenar de memoria las calles de SLP
- La Rata

- 5hs
- 2 Min. de lectura

Por: Sofía Mayela
Las figuras se abrían paso entre los vehículos detenidos. Al unísono avanzaban hacia la Alameda Juan Sarabia, en el Centro Histórico de la capital potosina.
Madres, niñas, abuelas, amigas e incluso mascotas, guiadas por una misma razón, caminaban unidas por la furia, el dolor y la sororidad.
Como cada 8 de Marzo, las calles se tiñeron de morado, lila, verde, blanco y violeta, mientras la creatividad de las participantes se desbordaba entre sus manos con pancartas y carteles que reflejaban años de hartazgo y cansancio.
Por un día, las vialidades dejaron de albergar automóviles y retumbaron bajo el andar de miles de mujeres.
Al ritmo de consignas como “No somos una, no somos diez, pinche gobierno cuéntanos bien”, las manifestantes se desplazaron por la zona de transferencia, donde una manta con los rostros de Lupita Viramontes, Samantha Joselyn, Fernanda Morán, Odalis Hipólito, Nataly Alonso, Karla Pontigo y Alejandra Reséndiz se erigió como un doloroso recordatorio de su ausencia.
Entre tambores y silbatos, el contingente continuó hasta la Fiscalía General del Estado (FGE), donde la sobria fachada del inmueble fue cubierta con rostros de los hombres que han agredido y violentado a mujeres.
Junto a ellos, las denuncias fungieron como memoria constante de la impunidad: una justicia convertida en instrumento que solo beneficia a unos pocos dentro de un sistema que apila carpetas y expedientes sin resolver.
Minutos después, la movilización siguió su camino hacia el corazón de la ciudad, donde inmuebles blindados como el Palacio de Gobierno y otros en las cercanías como el ayuntamiento de la capital y algunos centros religiosos fueron escenario de expresiones de protesta, con pintas y consignas transformadas en símbolos de inconformidad.
Lejos de dispersarse, la marcha continuó su trayecto hasta la Plaza Fundadores, donde el edificio Central de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) fue testigo del descontento, entre reclamos y demandas de justicia que resonaron frente a su fachada.
No obstante, el contraste no tardó en llegar. Minutos después de finalizada la movilización, casi al unísono, empleados de la UASLP y del Palacio de Gobierno retiraron las pintas y los carteles del exterior, en busca de devolverle a los muros su apariencia habitual, una muestra cruel de que preservar su estética resulta más importante que atender las demandas expuestas.
En un estado donde se contempla la retira la Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres (AVG), la concentración del 8M permanece como reflejo incómodo de que las violencias que enfrentan las mujeres continúan vigentes.
Puede que la pintura desaparezca de la cantera y que los carteles sean retirados, incluso pisoteados, pero las exigencias de justicia siguen presentes.








Comentarios