Los niños que nos enseñaron a volar, papás
- La Rata

- hace 6 horas
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En México, cada tercer domingo de junio se conmemora el Día del Padre, una fecha dedicada a reconocer la dedicación, el esfuerzo y el amor de quienes asumen esta importante responsabilidad. Se honra a quienes trabajan incansablemente para brindar bienestar a sus familias; a quienes, con sudor, sacrificio y constancia, ponen el alimento en la mesa; y a quienes han construido un hogar desde sus cimientos, dejando una huella imborrable en la vida de sus hijos.
En palabras del filósofo suizo Jean-Jacques Rousseau: “Un buen padre vale por cien maestros”. Esta célebre cita nos invita a reflexionar sobre una labor que va mucho más allá del esfuerzo por sacar adelante a una familia. Los padres -que ejercen su paternidad- desempeñan un papel fundamental en nuestras vidas, pues gracias a ellos forjamos nuestro carácter, aprendemos a defender nuestros valores y descubrimos, quizá por primera vez, lo que significa el amor incondicional.
Gracias a nuestros padres aprendemos no solo lo básico, sino que nos enseñan a buscar nuestros propios caminos y a hacerlos en caso de no encontrarlos; nos enseñan que una familia no solo es amor, sino que también es dedicación y esfuerzo de cada día y nos enseñan a ser personas dignas y correctas que trabajan por un mejor futuro.
Antes de ser padre, fue hijo; hijo de una generación distinta a la que conocemos hoy. Nuestros padres son esos niños que, aunque ya no sean tan niños, conservan los gustos de su época. Son amigos que nunca entienden de edades; son adultos que reviven su infancia junto a nosotros y que nos enseñan que ser niño no es una cuestión de años, sino de espíritu.
Nuestros padres son hijos de otros padres de carácter duro y enseñanzas diferentes y, aunque a veces el carácter se forja según las enseñanzas, nuestros padres, por más duros, son los mismos que dan sus vidas por nosotros, dan su esfuerzo por vernos bien y dan su amor sin importar qué. Por más duros que sean, el amor de un padre trasciende cualquier obstáculo y cede ante la ternura.
Gracias a todos los padres que supieron serlo, que estuvieron presentes y que nos enseñaron que la vida es más ligera cuando aprendemos a reír, a disfrutar de los pequeños momentos y a conservar siempre una parte de nuestra infancia. Gracias a quienes nos mostraron que crecer no significa dejar de soñar y que, sin importar la edad, siempre habrá un niño viviendo dentro de nosotros, como pasa con ellos.
Gracias a los padres trabajadores que, a pesar de los horarios laborales, han sabido estar presentes en todo momento. Gracias a los padres que nos enseñaron a caminar y nos dieron alas lo suficientemente fuertes para volar alto, pero también un corazón tan lleno de amor que, aun pudiendo alejarnos, siempre encontramos el camino de regreso a ellos.
A mi papá que, gracias a él, encontré el gusto por la escritura, la buena música, los malos chistes y la buena vida.






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