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La violencia en el noviazgo adolescente, disfrazada de amor


Por: Lic. Isabel González Colín 


Tristemente, se ha normalizado que las y los adolescentes inicien relaciones de noviazgo a una edad cada vez más temprana. Es bien sabido que, durante esta etapa las y los jóvenes experimentan importantes cambios físicos, emocionales y sociales, mientras construyen su identidad y aprenden a relacionarse con las demás, por lo cual, debido a la falta de experiencia y de herramientas para gestionar sus emociones, pueden ser más vulnerables a establecer relaciones en las que exista manipulación, control o violencia sin reconocerlas como tales.


En un alto índice estadístico, las primeras experiencias amorosas están influenciadas por las ideas que los adolescentes observan en su entorno familiar, en las redes sociales, en las películas, las series de televisión y la música.


Regularmente, estos medios presentan como demostraciones de amor conductas que en realidad representan formas de violencia, tales como los celos excesivos, la necesidad de saber dónde se encuentra la pareja en todo momento, revisar el teléfono celular, controlar la forma de vestir o limitar las amistades.


Estas acciones suelen justificarse con frases como "lo hace porque me ama", "es por mi bien" o "si tiene celos es porque le importo", cuando en realidad son señales de una relación basada en el control y no en el respeto.


Por generaciones, se tenía la creencia que la violencia en el noviazgo solo ocurría en jóvenes que crecían en familias con antecedentes de violencia o conflictos constantes. Sin embargo, diversas investigaciones han demostrado que este problema puede presentarse en cualquier contexto social, económico o familiar e incluso adolescentes que provienen de hogares estables, pueden verse involucrados en relaciones violentas, ya quedado que existen otros factores que influyen, como la presión social, los estereotipos de género, la falta de educación emocional, la baja autoestima y la influencia de los medios de comunicación.


La violencia en el noviazgo generalmente no comienza con agresiones físicas, sino todo lo contrario, es decir, de manera sutil mediante conductas que parecen inofensivas o incluso románticas. La manipulación emocional, el chantaje, las amenazas, las humillaciones, los insultos, la indiferencia, el aislamiento de amigos y familiares, el control económico y la vigilancia constante a través de redes sociales son algunas de las formas más comunes de violencia. Con el paso del tiempo, estas conductas pueden intensificarse hasta convertirse en agresiones físicas o sexuales.


Por tal motivo, al verse dentro de conductas “normales” muchas víctimas no las identifican como violencia porque han aprendido a vivir con ellas, de igual forma, la dependencia emocional y el miedo a quedarse solas pueden hacer que justifiquen el comportamiento de su pareja o que crean que con amor lograrán cambiarla. Además, el agresor suele alternar episodios de violencia con muestras de afecto, promesas de cambio y disculpas, creando un ciclo que dificulta terminar la relación.


Las consecuencias de la violencia en el noviazgo pueden afectar profundamente la vida de los adolescentes, derivando en serios problemas, tales como la disminución de la autoestima, ansiedad, depresión, aislamiento social, bajo rendimiento escolar, problemas para confiar en otras personas e incluso trastornos relacionados con la salud mental y, en casos más graves, las víctimas pueden desarrollar pensamientos suicidas o sufrir lesiones físicas importantes. Asimismo, quienes ejercen la violencia también requieren atención, ya que muchas veces han aprendido patrones de comportamiento inadecuados que, sin intervención, pueden repetirse en futuras relaciones.


¿Qué pasa con la violencia digital? 


Actualmente, las redes sociales y las aplicaciones de mensajería han facilitado nuevas formas de control dentro del noviazgo. Exigir contraseñas, revisar conversaciones, monitorear la ubicación, pedir fotografías íntimas, compartir contenido privado sin consentimiento o exigir respuestas inmediatas a los mensajes son conductas que constituyen violencia digital y que afectan cada vez a un mayor número de adolescentes.


Para combatir como sociedad esta problemática, es de vital importancia fortalecer la educación emocional desde la infancia y fomentar relaciones afectivas basadas en el respeto, la igualdad, la comunicación y la confianza. Tanto la familia como la escuela desempeñan un papel fundamental al enseñar a los jóvenes a reconocer las señales de una relación sana y a establecer límites. Asimismo, es importante promover espacios donde las y los adolescentes puedan expresar sus emociones sin temor a ser juzgados y conozcan los recursos disponibles para solicitar ayuda en caso de vivir una situación de violencia.


Comprender que el amor nunca debe implicar sufrimiento, miedo, control o pérdida de la libertad. Una relación sana se construye sobre el respeto mutuo, el apoyo, la empatía y la confianza. Por lo cual, identificar las primeras señales de violencia puede prevenir consecuencias graves y contribuir a formar adultos capaces de establecer vínculos afectivos saludables.



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