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Derribar las “camisas de fuerza”, culturales y emprender deconstrucciones sanas, de justicia y respeto

Para Theo y Evo con amor

        

                             

Por: Marite Hernández Correa


Los impactos de los machismos y las masculinidades hegemónicas en la sociedad contemporánea, tiene amplias y variadas repercusiones  psicológicas y laborales, que resuenan en otros ámbitos sociales y políticos. Los estereotipos de género generan entornos de trabajo hostiles, discriminación salarial y barreras para las mujeres que decidimos  ser madres. Y para las que no, también las hay.


Asimismo,  las violencias de género como  problemáticas estructurales que afectan la salud mental y física de las víctimas en diversos contextos, incluyendo emergencias humanitarias, como son la migración forzada, las guerras, los conflictos territoriales, las invasiones territoriales por recursos naturales, feminicidios. Situaciones de violencias extremas.   


Un punto central en esta  propuesta es  construir nuevas masculinidades que rompan con los mandatos tradicionales de dominación y fuerza. La idea es ofrecer  algunas herramientas prácticas para promover la igualdad sustantiva y la corresponsabilidad en la vida cotidiana, laboral, social, económica y política.


Como punto de partida diremos que las mujeres y las niñas en sus mayorías pervivimos durante largo tiempo periodos de desigualdad, la idea es construir procesos de autonomía, que no es solamente un compromiso individual, sino  un  compromiso colectivo por la salud y la igualdad de género.


La estructura social contemporánea se encuentra en un punto de inflexión donde la comprensión de las identidades de género ha pasado de ser una mera observación biológica a un análisis profundo de las relaciones de poder. El género no es una cuestión anatómica, sino una construcción sociocultural que define roles, comportamientos y atributos considerados "apropiados" para hombres y mujeres, determinando qué se espera, qué se permite y qué se valora en cada persona.


Este sistema, históricamente androcéntrico, ha colocado al hombre como parámetro de lo humano, invisibilizando las necesidades de las mujeres y niñas, limitando el desarrollo pleno, por tanto, la idea de transitar hacia masculinidades conscientes y responsables, cobra relevancia, puesto que la juventud es el periodo vital donde se consolida la identidad y se inicia el tránsito hacia la independencia sexual y social.


Sin embargo, este proceso suele estar viciado por un "modelo hegemónico de masculinidad" que impone a los varones la obligación de ser fuertes, dominantes, competitivos y emocionalmente distantes.


Este modelo funciona como una "camisa de fuerza" que no solo violenta a las mujeres, sino que también daña a los propios hombres al prohibirles expresar vulnerabilidad o autocuidado. Así como a seguir reproduciendo palabras, dichos, mensajes, cosificación hacia las mujeres. Es imperativo que las nuevas generaciones de hombres jóvenes apuesten por masculinidades conscientes.


Esto implica renunciar a los privilegios heredados y asumir la corresponsabilidad en las labores de cuidado y del hogar, rompiendo con la idea de que estas tareas son exclusivas de las mujeres. Además, el ejercicio de una sexualidad responsable es clave; los jóvenes deben entender que la prevención de paternidades tempranas y de infecciones de transmisión sexual es una responsabilidad compartida que protege su proyecto de vida y el de sus parejas.


La verdadera "hombría" no reside en la agresividad o el control, sino en la capacidad de establecer relaciones basadas en la empatía, el respeto y la igualdad, retos complejos en una sociedad cimentada en las violencias y superioridad de los hombres, pero no imposible, pues esto acarreara una responsabilidad consciente del estar en el mundo, de proyectos de vida en libertad, respeto y cuidado mutuo, así como una visión colectiva, romper con los egos machistas que les impide disfrutar sin conflictos y ataduras relaciones sin violencias.


Asimismo, para las para las mujeres: La conquista de la autonomía y el derecho a una vida plena, la lucha por la igualdad se centra en la obtención de una autonomía integral, que abarca tres dimensiones fundamentales: física (control sobre el propio cuerpo y salud reproductiva), económica (capacidad de generar ingresos propios y controlar recursos) y en la toma de decisiones (participación plena en espacios públicos y políticos).


Pese a los avances, persisten barreras como el "techo de cristal", que impide el ascenso de mujeres talentosas a puestos de alta dirección, y el "suelo pegajoso", que las atrapa en empleos precarios y mal remunerados debido a la carga desproporcionada de cuidados domésticos. Es fundamental reconocer que el trabajo doméstico y de cuidados es una labor indispensable para la sociedad que debe ser valorada y compartida. Las mujeres deben apropiarse de su derecho a la autorrealización sin culpas, recordando que la calidad de atención a la familia no equivale a la cantidad de tiempo sacrificado.


La sororidad, entendida como la alianza y solidaridad entre mujeres, es la herramienta política para transformar estas estructuras opresoras y construir redes de apoyo efectivas y amorosas, reconocer que el maltrato, las violencias económicas, físicas, verbales, psicológicas, no son normales. Nos cuesta todavía identificar y desapegarnos de roles tradicionales injustos que laceran nuestras vidas y reaprender caminos que impliquen el ejercicio de nuestra autonomía  plena.


Las instituciones públicas de salud tienen la enorme responsabilidad de dejar de ver la salud solo como la ausencia de enfermedad y entenderla como un estado de completo bienestar físico, mental y social. La violencia de género debe ser abordada como un grave problema de salud pública que genera secuelas profundas y persistentes, como depresión, ansiedad crónica, trastornos de la conducta alimentaria y estrés postraumático, es urgente que el sistema de salud incorpore la perspectiva de género en todos sus niveles.


Esto implica que eliminemos los sesgos y prejuicios en la atención, evitando la medicalización excesiva de los problemas emocionales derivados de la violencia o la desigualdad social.


Otra de las propuestas es capacitar al personal para detectar de manera temprana signos de maltrato físico y psicológico, garantizando un trato digno, confidencial y libre de revictimización.


Priorizar la salud mental de las víctimas, ofreciendo acompañamiento psicoterapéutico especializado que trabaje en el empoderamiento y la reconstrucción de la autoestima de las mujeres.


Promover la salud de los hombres desde un enfoque preventivo, alentándolos a romper el mito de la invulnerabilidad para atender sus propias necesidades físicas y emocionales de manera oportuna.


Como contribución final realicemos un pacto social por el desarrollo humano, donde la igualdad de género no sea solo una "cuestión de mujeres", sino un requisito indispensable para el desarrollo sostenible y la paz social. No se puede aspirar a una sociedad sana si la mitad de su población vive bajo condiciones de discriminación o violencias. La autonomía de las mujeres y la deconstrucción de la masculinidad en los jóvenes son dos caras de la misma moneda: la búsqueda de una humanidad más libre y justa.


Las instituciones públicas, como garantes de derechos, deben liderar este cambio mediante políticas de inclusión que rompan las brechas salariales y fomenten la conciliación laboral y familiar.


El horizonte es claro: construir una convivencia basada en el respeto a la diversidad y en el reconocimiento de que todas las personas, independientemente de su género, tienen el derecho inalienable de ser agentes de su propio destino en plenitud y salud mental, la violencia no es normal, el maltrato, los gritos, las palabras ofensivas son violencias, caminemos en este 2026 en romper las ataduras que nos denigren y decidamos emprender nuevos caminos en transformar el estado de cosas que nos violente.


Construyamos alianzas y redes de apoyo que enaltezcan nuestra dignidad y reivindiquemos a nuestras ancestras y ancestros al dejar los cimientos para una sociedad sin violencias, justa y democrática.

 

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