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Una generación doliente



Por: Carlos Adrián Caballero


Es normal ver en redes sociales, quejas o regaños sobre la generación millenial. Sobre como tardan en irse de casa de sus padres, no tener casa propia, no desear tener hijos, y demás juicios emitidos contra mi generación, partiendo de la ignorancia de que el contexto ha cambiado demasiado; que nuestra generación tiene que lidiar con una crisis económica, ambiental y política, que no había antes, y a la que se suma la horrible pandemia.


Esto va más allá de un choque generacional, se siente aversión de parte de mucha gente mayor contra mi generación. Parece fútil explicarles la realidad, pero al menos algunos tenemos la fortuna de que la gente mayor que nos rodea sea más comprensiva.


Aún así, no estamos exentos de recibir comentarios de desconocidos que por alguna razón, creen que pueden juzgarnos, por no alcanzar sus logros (meramente materiales) que ellos tenían a nuestra edad.


Nos dicen que dejemos de quejarnos, que nos iría mejor si dejáramos de gastar en nuestros “gustitos”: juguetes, comidas, nuestras mascotas, y hasta nuestras terapias, que necesitamos por ser “débiles”. No somos gente que gasta por gastar, valoramos nuestra salud mental, despreciamos la idea de que haya modelos que seguir, y gastamos en cositas porque podemos disfrutarlas en este momento, porque el panorama presente y futuro no se ve alentador. Vivir el momento ha sido la marca de mi generación. Carpe diem.


Estamos atrapados en una vorágine de complicaciones. Atrapados en una condición posmoderna que ha roto las bases psíquicas y culturales de la gente, una sociedad dividida, hiperconsumista y deshumanizada; en gran parte debido al manejo irresponsable de la nueva tecnología, y la manipulación de los medios, del Gobierno, y las empresas detrás de esas tecnologías.


Esos factores no estaban antes, y si lo estaban era de forma mucho más liviana. Ahora hay que sumar estas crisis a la de por sí complicada vida adulta a la que fuimos arrojados hace no mucho.


Eso pesa, eso nos daña, nos genera malestar emocional, y si por el azar somos personas con trastornos, la cosa empeora. Por algo es cada vez más común sentirnos, juzgados, solos, desmotivados y fatigados de empezar el día. Encontramos placebos en internet pero ¿Cuántos likes equivalen a un abrazo? Las redes sociales nos dan una dosis de dopamina, al igual que los drogas; y también como las drogas, nos dañan con el paso del tiempo.


Hay quienes creen que es nuestra culpa, que por voluntad estamos así. No, claro que no queremos estar mal, queremos ser independientes, queremos tener el suficiente dinero para vivir de forma decente, queremos disfrutar nuestra vida y a nuestros seres amados.


No poder independizarte, porque parte importante de tus gastos se va en medicamentos y terapias, mientras tienes más de un trabajo, aguantas a un jefe inepto y explotador, a cambio de una paga miserable.


Ese escenario lo he visto más de una vez, y malditamente en gente que me importa. Pero no soy el único, es el común denominador millenial. No es difícil entender porque somos una generación doliente.


Tenemos además la carga de la decepción, porque se depositaron demasiadas esperanzas en nosotros. De niños y niñas nos dijeron que nos tocaba a nosotros cambiar el mundo. Eramos niños, y nos dejaban una carga pesada, mientras que la generación X y los Baby boomers tenían, y aún tienen los principales cargos de poder político y económico.


Llegamos a los 30 ya decepcionados, ya gastados y con exigencias propias y externas, en demasía.


¿Hay algo positivo que decir al respecto para cerrar este artículo? Creo que sí: la ya mencionada lección de vivir el momento se convertiría en nuestra base. Resultado de ser una generación sobre la que se depositaron grandes esperanzas y el optimismo del nuevo milenio, del que nos contagiamos cuando eramos niños y adolescentes, y del que hoy no queda nada. La añoranza del pasado, el temor al futuro (la depresión y la ansiedad).


No vivimos un mundo bipolar, no sufríamos la censura de la corrección política conservadora, pasamos del Cd al reproductor mp3, etc. Y, justo, era sobre todo el salto tecnológico nuestra base para pensar bien sobre el futuro, y para que nuestra principal preocupación, fuera disfrutar.


Empero, los vaivenes de la política, la economía y la sociedad, nos arrojaron a una situación precaria de la que hay que reconocer que sí tenemos en parte la culpa, y aún así nuestra base no cambia.


Si antes era por optimismo, ahora es por fatalismo, pero seguimos bailando al son del memento mori. Y eso es lo que mucha gente mayor no entiende. Si hoy podemos comprarnos ese juguete, comer en ese lugar, viajar a ese otro, lo haremos, porque mañana ¿Quién sabe?


Si el futuro es malo, tendremos un amplio catálogo de experiencias para presumir.

Si el futuro es bueno, tendremos un amplio catálogo de experiencias para presumir.

Insisto, somos una generación doliente. ¿Como no abrazar el memento mori? Es lo único que nos queda.

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