"Ningún trabajo que lleve comida a la mesa es malo, siempre y cuando sea honrado": Rosita, trabajadora del hogar
- La Rata

- 30 mar
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Por: Mariana Castillo
Cada 30 de marzo se conmemora el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar. En este contexto donde el trabajo doméstico representa el 4.5 por ciento de la población ocupada en México hay historias que nos ayuda a visibilizar los avances y retos que día con día enfrenta este sector. Tal es el caso de la historia de Rosita Nely Hernández Pineda quién con su voz nos permite entender un poco cómo es desempeñar esta labor.
Rosita tiene 36 años, es originaria de Ciudad Acuña, Coahuila; comparte un poco cómo ha sido su trayectoria.
Para no descuidar a sus hijas, Rosita decidió buscar empleo como trabajadora del hogar, ya que consideraba que los empleos formales pueden tener horarios más exigentes que dificultaban el trabajo de crianza. Esto lo logró comprobar con el tiempo, ya que fue observando un cambio en la dinámica laboral, señalando que ahora existe una mayor apertura por parte de los empleadores para brindar facilidades de horario.
Aunque el trabajo dé ciertas facilidades de horarios no deja de ser un trabajo demandante, ya que el trabajo del hogar requiere un constante esfuerzo físico siendo un sector donde la jornada promedio es de 30 horas a la semana.
Rosita se considera una persona saludable; mantiene una alimentación balanceada y utiliza faja de forma ocasional como medida de cuidado. En cuanto a su relación con los empleadores, mencionó que siempre prevaleció el respeto mutuo, lo que evitó situaciones de conflicto en su trayectoria.
A pesar de que el trabajo del hogar aporta de manera significativa a la economía y al bienestar de las familias, Rosita reconoce que persisten estigmas sociales. El prejuicio más frecuente que escuchó fue la consideración de su labor como una actividad de “baja categoría”. Ante esto, su postura fue clara:
“Considero que ningún trabajo que lleve comida a la mesa es malo, siempre y cuando sea honrado”. Comentó, agregando que el trato digno debe ser independiente de la clase social y que las personas deben ser tratadas con respeto en cualquier ámbito.
En cuanto a la terminología, prefiere que se utilizara el concepto de “trabajadora del hogar”, ya que define la función de mantener un hogar limpio para una familia y mantiene el respeto que ella consideró tan importante.
Su mensaje para quienes contratan trabajadoras del hogar es que la relación debe ser justa y humana. Porque si bien la experiencia de Rosita Nely ha estado marcada por el respeto mutuo, su situación es una excepción en un panorama nacional de profunda vulnerabilidad.
De acuerdo con datos del INEGI y la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), la vulnerabilidad en este sector es crítica: el 96.1 por ciento de las personas trabajadoras del hogar en México laboran en la informalidad, lo que significa que la gran mayoría carece de prestaciones básicas como acceso a servicios de salud, vacaciones o aguinaldo.
Asimismo, la Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS) informa que el 33.8 por ciento de estas trabajadoras reciben salarios bajos donde los ingresos percibidos a menudo no alcanzan a cubrir el salario mínimo profesional.
Las experiencia de Rosita nos muestra que la discriminación estructural a la que la mayoría de estas mujeres son sujetas no tiene que ser la realidad y que esos prejuicios que devalúan el valor real del esfuerzo de las trabajadoras del hogar, pueden ser erradicados.






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