Me vacuné por quienes no pudieron



Por: María Medrano.


El lunes cerca de las 10:00 pm, caí rendida ante la fiebre, los temblores, la debilidad muscular y el dolor de cabeza, signos inconfundibles de reacción de la vacuna AstraZeneca contra la covid-19 que me aplicaron 11 horas antes.


Tres horas me perdí en la nada y cuando desperté aún trastabillaba al caminar, ni en mi época de infancia recuerdo una “reacción” tan fuerte a una vacuna, quizá solo cuando me aplicaron la del sarampión.


Aún así agradezco haberme vacunado. Me vacuné por Luis, por el papá de César, por el tío de Brenda y por tantas personas que fallecieron en el proceso de desarrollo de una cura contra el virus del que aún no hay cifras certeras de fallecimientos.


Muy temprano, este martes, vi atiborrado mi muro de Facebook, de memes, en referencia a los mismos síntomas que yo tuve, insisto, normales tras la aplicación de la vacuna, pero que se tornan en la mofa de generaciones anteriores, para subrayar la cualidad de “cristales” que nos han conferido. Pero más allá del cuerpo y la cabeza, me dolió el corazón de ver nulas filas en los centros de vacunación…¿por qué si mi generación no es cobarde?, somos la generación que alza la voz ante las injusticias, la que tiene el valor de procurar su salud mental, quienes hemos logrado poner en la mira los efectos de un sistema que ya no funciona.


Más tarde pensé que es lógico que haya poca afluencia si muchos de quienes rondan mi edad (treinta y pocos) seguramente laboran y sus horarios concluyan luego de las 7:00 pm, lo que les haría difícil acudir a vacunarse después de salir de trabajar.


No todos gozamos del privilegio de un horario flexible ni podemos darnos el lujo de perder un día de trabajo con su respectivo descuento…habrá alguna estrategia ligada a esto, ¿siquiera se habrá considerado?¿pecaré de ingenua si creo que es eso?, no quiero creer que es el miedo a los efectos de la vacuna. Que el nerviosismo se entiende porque es una cura a un virus que hace año y medio no nos pasaba por la cabeza y que no sabemos si es efectiva al 100 por ciento (sí lo sabemos), pero nos da una esperanza. Esperanza que no tuvieron tantas personas que han fallecido.


A pesar de todo me volvería a vacunar, porque es mi compromiso con la comunidad procurar el bien propio y en consecuencia el de las demás personas, como ejemplo para mis hijo e hija y más importante aún, porque yo forcé e insistí a mis viejitos para que se fueran a vacunar.


No veo pretexto. Los centros de vacunación solos o desangelados, son una vergüenza para la generación de quienes quieren seguir reuniéndose con otras personas los fines de semana. y para quienes, como yo, tuvimos meses sin abrazar a sus padre y madre por temor a contagiarles el “bicho”. Si no es por las demás personas, mínimo debería ser por nosotros, porque al contrario de lo que arguyen las generaciones más antiguas….no somos de cristal.

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