Marginación, pobreza y la migración de mujeres indígenas


  • La falta de oportunidades y condiciones de igualdad obliga a las mujeres indígenas a migrar a las ciudades

Por: Regina Arellano


María Antonia, una de las participantes del Foro Regional “La Migración de las Mujeres Indígenas” organizado por el Instituto de las Mujeres del Estado de San Luis Potosí (IMES), narró su historia de vida y como tuvo que trabajar desde los 12 años para costear sus estudios.


En el foro, realizado el pasado 31 de marzo en el municipio de Matlapa, las mujeres participantes tuvieron la oportunidad de compartir sus experiencias en torno a la migración.


En el caso de María Antonia, tuvo que trabajar desde pequeña para poder comprar sus útiles escolares.


“Desde los 12 años he trabajado y a mucha honra. Tuve que salir a trabajar a comprar mis útiles (…) Cada año yo me tenía que ir en vacaciones [a la Ciudad de México] porque eran dos meses de vacaciones que nos daban en la primaria. Tenía que trabajar para comprar mis útiles”.

Entre las razones por las que suelen migrar las mujeres indígenas se encuentra la marginación y la pobreza que atraviesan sus contextos. Ante la insuficiencia de fuentes de empleo, las mujeres suelen migrar para conseguir ingresos para subsistir, apoyar a su familia, pagar sus estudios o los de sus hijos e hijas.


Otros motivos para migrar son el maltrato y la violencia, además de la violación a sus derechos.


En las comunidades indígenas no suelen dejar que las mujeres participen o sean parte de los consejos para la toma de decisiones, por lo que muchas de ellas sienten que su voto no cuenta o que no pueden hacer las cosas por ellas mismas.


Además, migran cuando hay una ausencia de vínculo con el padre de sus hijos. Si el varón no cumple con la responsabilidad económica que le corresponde, las mujeres deben salir adelante por sus propios medios.


Por otro lado, las mayores dificultades en el proceso migratorio se deben a la discriminación por razón de género, clase y etnia. Las mujeres indígenas son altamente humilladas por su cultura, su forma de vestir y su lengua.


Aunado a esto, se encuentran las malas condiciones de trabajo. A veces sólo pueden laborar como trabajadoras del hogar, el cual es un empleo altamente precarizado, pues se les niegan prestaciones y a menudo son discriminadas.


“Salí de sexto año, me fui a trabajar a la ciudad de Monterrey. Las casas no son como aquí en la comunidad. Tienes que llegar allá y tú hacer bien la limpieza. Si una no sabe bien hacer la limpieza te empiezan a tronar los dedos, te empiezan a humillar”, contó Erika.

Otra de las actividades de subsistencia económica común al migrar es la realización y venta de artesanías. No obstante, su trabajo se dificulta al no encontrar sitios dignos donde hacer y vender los productos.


“Yo les quiero solicitar que ustedes pongan unos espacios estratégicos para que nosotros podamos ofertar nuestros productos. Ya nos fuimos hasta Estados Unidos y ¿por qué nos fuimos? Por nuestros hijos”, pidió otras de las asistentes.


Por último, la licenciada Juana Martínez señaló que una de las ventajas de la migración en las mujeres indígenas son los nuevos roles económicos y sociales adoptados.


En el plano de lo económico, las mujeres aprenden que pueden salir adelante solas, sin el apoyo de un varón. En el plano de lo social, muchas mujeres logran empoderarse y acceden a espacios que antes eran exclusivos para los varones.


“Mis valores, todo lo que me paso, a mí me ha dado mucha fuerza. Y cuando me dicen en mi comunidad: la señora no va a participar porque ella es mujer, ´ah ¿por qué no?’ yo me pongo y me paso”, defendió otra de las mujeres que narró su experiencia.

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