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El racismo y sus efectos en la participación política de mujeres indígenas


Por: Karina Méndez


Examinar los conceptos de racismo, participación política y mujeres indígenas para entender cómo estas se relacionan entre sí fue el propósito de la charla impartida por Judith Bautista Pérez, maestra en Sociología y mujer zapoteca, en el Colegio de San Luis (Colsan).


La maestra explicó que el racismo es una ideología y conjunto de prácticas que se concretan para dejar ver como un sistema de valores de un grupo humano sobre otro ordena a la población. En el caso de México, a personas indígenas, asiáticas y afromexicanas se les desvaloriza en contraposición de aquello que no es indígena y que es mestizo, es decir, lo mexicano.


Por lo que los pueblos indígenas han quedado al margen de la construcción de lo que es ser mexicana y mexicano.


El racismo tiene un carácter estructurado, institucional, pues el aparato de gobierno está construido en el sentido de desvalorizar al “otro”, en este caso a la población indígena, lo que se puede traducir en la falta de recursos para el servicio de interpretes y traductores, el sistema de salud, y que el conocimiento de los pueblos originarios sean descartados o desvalorizados.


“Eso responde a esta estructura que se explica desde el racismo, pero que tiene un sentido muy claro, porque si tu deslegitimas algo es mucho más fácil imponer una lógica de relaciones, sobre todo económicas y también políticas, que legitiman y normalizan el despojo”, indicó.

En el caso de la participación política, como una manera de hacer comunidad, comentó que involucra cuestiones humanas que no están encerradas en una sola definición y tiene un carácter polisémico.


Sin embargo, existe una forma perversa de deslegitimar y no nombrar los espacios de la vida cotidiana en la que se construye la vida comunitaria, además de que se limita a pensar en el modelo de “democracia representativa” o “democracia liberal” como el único canal por el que las personas pueden acceder a la participación política.


Bautista Pérez consideró que esto se debe en parte al racismo ante la forma en la que opera para que ocurra la desposesión de valor de las otras maneras de construir, entender y nombrar la política.


“Esto nos invita al ejercicio de pensar en cada sociedad al interior de nuestros pueblos originarios cuál es la definición y que entendemos por política, qué entendemos por justicia, qué entendemos por participación, y eso es muy cuestionador para el estatus quo, porque entonces decimos ‘somos capaces’ y de hecho lo hemos hecho”, señaló.

Es a través de la otras expresiones de lo cotidiano que se ha podido mantener el vinculo entre comunidad y siendo participes de ellas.


Asimismo, expuso que la tradición occidental de ver la participación política solo como votar o ser servidora pública, desvalida lo cotidiano como un acto político y una forma de participar en la vida de lo público, como la fiesta comunitaria o la manera de maternar, por lo que se deja fuera de la conversación a las infancias, juventudes, mujeres y otras voces fundamentales para mantener la vida en la madre tierra.


La maestra señaló que el principal reto de la consecuencia del racismo, es que limita la posibilidad de pensar cuáles son las formas de participar de la política y entender el sentido de lo político.


En este contexto, el racismo se expresa al reproducir prácticas que limitan la participación de las mujeres en la política, como la Ley de Paridad, pues encasilla un esquema de reconocimiento de participación política y representación.


Mientras que a las mujeres que han podido participar a través de la vía de la democracia participativa, las excluye y no cumplen con lo prometido debido a que su estructura no funciona.


Otro efecto del racismo, es que existe una insistencia en el tutelaje de mujeres indígenas, pues automáticamente se supone que no cuentan con una agenda política, lo que Bautista Pérez calificó como perverso, pues “nos quitan la voz y no es que no tengamos”.


“Somos las que acarreamos el agua, las que cuidamos, las que hablamos, las que alimentamos, las que sanamos, las que junto con los hombres, nuestros compañeros, le apostamos a resistir, a repensarnos y recrearnos. Somos importantes en ese contexto, pero nos hacen sentir que no”, señaló.
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