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El otro marcador del Mundial: violencia doméstica y abuso infantil


Por: Valeria Fragoso García


En México estamos de fiesta. En nuestra historia mundialista, la selección nacional nunca había conseguido nueve puntos en fase de grupos para avanzar a la siguiente ronda. En las calles, los hogares y las plazas públicas se grita, se celebra y se vitorean porras y cantos mexicanos.



Sin embargo, existe otro marcador que no aparece en las pantallas, que no se comenta en los programas deportivos y que rara vez ocupa los titulares de los medios de comunicación. Es un marcador silencioso, pero profundamente preocupante: el de la violencia que ocurre al interior de los hogares.


Mientras millones de personas celebran cada triunfo, miles de mujeres, niñas y niños continúan enfrentando agresiones físicas, psicológicas y sexuales dentro de los espacios que deberían representar seguridad y protección.


En México, la violencia familiar constituye uno de los delitos con mayor incidencia. A ello se suma una realidad aún más alarmante: la violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes, la cual ocurre, en una proporción importante de los casos, dentro del entorno familiar o a manos de personas cercanas a las víctimas.


Diversas investigaciones internacionales han documentado incrementos en los casos de violencia doméstica durante grandes eventos deportivos. Factores como el consumo excesivo de alcohol, la frustración derivada de los resultados deportivos, la exaltación emocional y la permanencia prolongada en espacios privados pueden convertirse en detonantes de conductas violentas en hogares donde ya existen dinámicas de abuso.


Uno de los estudios más citados es el realizado en el Reino Unido por investigadores de la Universidad de Lancaster, quienes encontraron aumentos significativos en los reportes de violencia intrafamiliar durante los partidos de la selección inglesa, especialmente cuando el equipo perdía o cuando el encuentro generaba una intensa carga emocional.


Si bien ello no significa que el fútbol sea la causa de la violencia, sí evidencia cómo determinados factores asociados a estos eventos, tales como el consumo excesivo de alcohol, la exaltación emocional, las apuestas deportivas y la convivencia prolongada en espacios privados, pueden actuar como detonantes en contextos donde ya existen dinámicas de agresión y control.


México no es ajeno a esta problemática. De acuerdo con datos oficiales y organizaciones especializadas en derechos de la infancia, miles de niñas, niños y adolescentes son víctimas cada año de delitos sexuales, violencia familiar y otras formas de maltrato.


La gravedad de estos hechos se acentúa al considerar que una parte importante de las agresiones ocurre dentro del propio entorno familiar o es cometida por personas cercanas a la víctima.


Esta realidad resulta particularmente preocupante cuando se analiza desde la perspectiva de los derechos humanos. La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en su artículo 4°, reconoce el interés superior de la niñez como un principio rector de todas las decisiones y actuaciones del Estado.


Asimismo, México es parte de diversos instrumentos internacionales que obligan a las autoridades a prevenir, investigar, sancionar y reparar las violaciones a los derechos de niñas, niños y adolescentes.


En este sentido, la protección de la infancia no puede suspenderse durante acontecimientos deportivos, festividades o celebraciones nacionales.


Por el contrario, estos periodos deben representar una oportunidad para reforzar los mecanismos de prevención, atención y denuncia, especialmente cuando la evidencia internacional advierte la posible existencia de factores de riesgo asociados.


Por otra parte, la violencia doméstica continúa siendo uno de los principales desafíos en materia de seguridad y justicia. A pesar de los avances legislativos alcanzados en las últimas décadas, persisten obstáculos importantes para el acceso efectivo a la justicia de mujeres, niñas y niños.


El miedo a denunciar, la dependencia económica, la normalización de ciertas conductas violentas y la insuficiente respuesta institucional siguen limitando la protección de las víctimas.


Resulta indispensable recordar que detrás de cada estadística existe una historia humana. Mientras una parte del país celebra un gol, otra parte enfrenta situaciones de violencia que rara vez alcanzan la atención pública. Las víctimas no pueden esperar a que termine el torneo para ser escuchadas, protegidas o atendidas.


Por ello, el Mundial de Fútbol también debe servir como un recordatorio de nuestras responsabilidades colectivas. Los medios de comunicación, las instituciones públicas, las organizaciones de la sociedad civil y la ciudadanía tienen la posibilidad de aprovechar estos espacios de alta visibilidad para promover mensajes de prevención, fortalecer las redes de apoyo y difundir los mecanismos de denuncia existentes.


Porque el verdadero éxito de una nación no se refleja únicamente en el resultado de un partido. Se refleja también en la capacidad de proteger a quienes se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad.


Mientras el país celebra los goles de su selección, no debemos olvidar el otro marcador: el de las mujeres, niñas y niños que siguen esperando vivir en un hogar libre de violencia.


Mientras el país cuenta goles, el Estado no puede dejar de contar víctimas.

Esta columna forma parte del segmento “Lo personal es jurídico”, escrito por integrantes de SORORAL Red de Abogadas, una colectiva conformada por abogadas de todo el país que brinda asesoría jurídica gratuita a niñas, niños, adolescentes y mujeres en situación de vulnerabilidad.

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