El orgullo tomó las calles: música, colores y resistencia marcaron la 15ª Marcha LGBTIQ+ en San Luis Potosí
- La Rata

- 25 jul
- 3 min de lectura
Entre música, lentejuelas, carros decorados, abrazos y cientos de banderas, la 15ª Marcha del Orgullo LGBTIQ+ convirtió las calles de la capital potosina en una celebración de libertad, memoria y resistencia.

Por: Jazmín Ramírez García
Bastó que el reloj se acercara a las cuatro de la tarde para que el Parque de Morales se llenara de color.
Poco a poco comenzaron a aparecer los primeros destellos de colores: una bandera sobre los hombros de un joven, una sombrilla arcoíris, un maquillaje cubierto de brillo, una pareja abrazándose para una fotografía y una familia acomodando a sus hijos antes de iniciar el recorrido.
El lugar se transformó en un mosaico de historias.
Había niñas y niños corriendo entre las banderas mientras sus padres buscaban el mejor sitio para la fotografía; adolescentes con carteles escritos a mano; personas adultas mayores que sonreían al reencontrarse con amistades; colectivos afinando los últimos detalles de sus mantas y voluntarios repartiendo banderas, abanicos y mensajes de inclusión.
El ambiente era imposible de ignorar.
Las bocinas comenzaron a elevar el volumen y, casi sin darse cuenta, los asistentes empezaron a bailar antes de que la marcha siquiera iniciara.
Cada canción era recibida con aplausos, cada anuncio arrancaba porras y cada nuevo contingente que llegaba sumaba un nuevo tono al arcoíris que ya cubría el parque.
Cuando finalmente comenzó el recorrido, una ola de colores tomó por completo la Avenida Venustiano Carranza.
Al frente avanzaban enormes banderas que parecían navegar entre la multitud.
Detrás aparecieron vehículos decorados con globos, telas y los colores de la diversidad que, convertidos en escenarios móviles, llevaban música a todo volumen mientras decenas de personas bailaban y saludaban a quienes observaban desde las banquetas.
Carranza dejó de parecer una Avenida.
Durante varias horas fue una pasarela donde desfilaron sonrisas, lentejuelas, coronas de flores, abanicos, carteles y cientos de historias distintas unidas por una misma causa.
Desde cafeterías, balcones y comercios, decenas de personas detenían por un momento sus actividades para aplaudir, grabar videos o simplemente contemplar el paso del contingente.
No todo hablaba de fiesta.
Entre las canciones sobresalían mensajes escritos sobre cartulinas que pedían respeto, igualdad y el fin de la violencia y la discriminación.
Otros recordaban a quienes ya no están y reivindicaban que el orgullo también significa memoria, resistencia y lucha por derechos que aún siguen pendientes.
Aun así, el ambiente nunca perdió la alegría.
Los abrazos se repetían una y otra vez.
Había quienes se reencontraban después de meses, quienes asistían por primera vez y quienes llevaban quince años caminando en la misma marcha.
Cada fotografía parecía convertirse en un recuerdo de una tarde donde nadie quiso ocultar quién era.
Conforme el contingente ingresó al Centro Histórico, el color comenzó a extenderse hasta la Plaza del Carmen.
Ahí, la celebración encontró un nuevo escenario.
Cuando cayó la tarde, las luces del escenario reemplazaron la luz del sol, pero los colores permanecieron intactos.
Por unas horas, la ciudad dejó atrás el gris del pavimento para cubrirse de arcoíris.
Carranza fue mucho más que una Avenida y la Plaza del Carmen mucho más que un punto de llegada: ambas se convirtieron en el escenario de una celebración donde cientos de personas recordaron que el orgullo también se construye caminando, compartiendo, abrazando y haciendo visible una diversidad que, año con año, sigue encontrando más espacio en las calles de San Luis Potosí.






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