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El lenguaje incluyente, un ejercicio de resistencia


Por: Karina Méndez


“El lenguaje construye, más allá de un tema semántico es una forma de visibilizar” y no basta que su formación esté dentro de las norma o que se aplique en y por mandato de las leyes, señaló la magistrada del Supremo Tribunal de Justicia del Estado (STJE), Rebeca Anastasia Medina García.


En el panel Lenguaje Incluyente: Desafíos y Compromisos, la magistrada comentó que este se vive con resistencia, pues se trata de un cambio y una construcción, por lo que requiere tiempo que sea aplicado.


De igual forma, recalcó que el lenguaje incluyente no solo ayuda a hacer visibles a mujeres y hombres, sino que también a niñas, niños, adolescentes, y el resto de las personas. Además de que permite nombrar las cosas como son y reconocer a los sujetos de derecho.


Verónica Onofre Serment, especialista en Derechos Humanos por la Universidad Castilla la Mancha y directora general de la Secretaría General de Gobierno, indicó que la forma en la que se vive el lenguaje inclusivo en la administración es complicado debido a que se trata de una construcción social y existe una necesidad previa, aunque esta no se aplique para todas las personas.


Añadió que su uso tiene que ver con todos los grupos que no fueron nombrados durante muchos años y en todos los espacios, lo que incluye a las mujeres, las infancias, personas con discapacidad, el colectivo LGBTIQ+, entre otros.


“[Como servidores públicos] tenemos una obligación de expresarnos conforme a las personas a quienes nos estamos dirigiendo, con el respeto que le debemos y hacía todas las personas, independientemente de cómo yo piense. Es muy complicado porque se nos olvida todo el tiempo que nos debemos a las personas”, explicó.

Onofre Sermenet explicó que por ello se requiere nombrar a las personas en todo momento, no solo en eventos públicos, sino también en oficinas e incluso en oficios.

Urenda Queletzu Navarro Sánchez, titular de la Defensoría de los Derechos Universitarios de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), comentó que al hablar del lenguaje se refiere a que se trata de un tejido vivo, una construcción social que ha tenido milenariamente sus formas, adaptaciones, procesos y apropiaciones, por lo que no puede ser estático.


Por lo que a pesar de que existen criterios de autoridad establecidos por entes como la Real Academia de la Lengua Española, no lo son todo, pues las palabras se construyen y modifican.


Asimismo, comentó que el lenguaje permite que la persona se enuncie, pues es un ejercicio de reconocerse en el espacio público y privado, como sujetos y sujetas de derechos; en consecuencia se transforma la realidad.


“El lenguaje es precisamente eso, práctica transformadora porque está vivo y tiene la capacidad de incidir en la realidad, y eso quizá es el componente más útil”.

Por su parte, María Medrano, periodista y miembro de la Red de Mujeres Periodistas de San Luis Potosí (RMPSLP), indicó que desde pequeñas se ha enseñado a las mujeres a no nombrarse, por lo que utilizar un lenguaje incluyente es un ejercicio continuo de resistencia.


En el caso de los medios de comunicación, explicó que a través del lenguaje se construye la realidad al escribir lo que sucede, a pesar de que históricamente se tomaba lo masculino como la verdad absoluta, y lo femenino como una cuestión privada.


Por lo que la labor de mujeres periodistas ha ayudado que estas situaciones se hagan públicas y tomen relevancia, pues se visibilizan las vivencias de las mujeres y son historias que también impactan a la sociedad.


El panel Lenguaje Incluyente: Desafíos y Compromisos fue llevado a cabo por el Colegio de San Luis (Colsan) en colaboración con la Federación Mexicana de Universitarias, A.C. capítulo San Luis, El Instituto de las Mujeres del Estado de San Luis Potosí (IMES) y la Junta Estatal de Caminos (JEC).


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