• La Rata

Documentar el ritmo de la muerte: Fabiola Rodríguez


Por: Leticia Vaca


En San Luis Potosí, Martha Fabiola Rodríguez es la primera, y por ahora, única mujer fotoperiodista que documenta nota roja, lo que la ha llevado a retratar cómo el crimen organizado siembra cuerpos en la zona metropolitana de San Luis Potosí.


“En México sí habemos algunas [fotoperiodistas de nota roja], hay compañeras en Guadalajara, también hay compañeras interesadas en la frontera, pero creo que son muy pocas las que se dedican a la fuente (…) hablando meramente de San Luis Potosí, soy la única”, reconoce.


Fabiola cuenta que, por el hecho de ser mujer, su trabajo de documentar la violencia en la que está inmersa la zona metropolitana de San Luis Potosí es más difícil y llega a convertirse en una labor solitaria. Ello por la exigencia de los medios de comunicación en la exclusividad de la información.


Hasta hace algunas semanas tenía que estar en continuo movimiento, sin importar si era de día, de noche o de madrugada, porque lo que importa es llegar a los lugares y documentar los rastros que la violencia deja.


Fabiola compartió que cuando inició como fotoperiodista de nota roja tenía que tratar de ser amiga de policías, paramédicos y bomberos que son quienes acuden como primeros respondientes de las denuncias.


“Ya después te pones los lentes feministas y te das cuenta que no tienes porqué complacer a alguien o porqué seguir las intenciones o, a veces, hasta las propuestas de los hombres que giran alrededor de la fuente”.

CUBRIR LA NOTA ROJA EN SOLITARIO


Te sientes sola, sobre todo cuando has cerrado esa ventana de ‘vamos a hacer amigos’. Cuando cierras esa ventana y te enfocas solamente en tu trabajo, sí te sientes más sola y te sientes más indefensa, sobre todo cuando los hechos son de madrugada y están súper lejos, que llegas y está muy solo, que no hay ni alumbrado, ni pavimentación, ni nada; es complicado, es un panorama solitario” contó.


Además, el exigir exclusividad en la cobertura de la nota roja también es un factor para que no se dé un ambiente de compañerismo.


“La verdad los medios no se dan cuenta de lo riesgoso que puede llegar a ser pedir exclusividad de estos hechos, se cierran filas, porque sí es un ambiente de hombres, pero también las filas se van cerrando por esta exclusividad que piden los medios”


Otra de las dificultades que Fabiola ha visto, es el hecho de que los medios de comunicación ni siquiera se interesen por abrir espacios para mujeres en la cobertura de la nota roja, pues “se sigue colocando al sexo masculino, es algo muy enfocado a los hombres” .


DOCUMENTAR LA VIOLENCIA NO ES ARTE


“Dentro de la nota roja yo no podría decir, mi fotografía es arte, porque son imágenes dolientes para los familiares de las víctimas que ven al día siguiente en el periódico impreso o en el portal en línea la imagen del peor día de su vida. Simplemente es una documentación donde se trata de respetar el derecho a la privacidad, la identidad y los derechos humanos de los y las sobrevivientes de estos hechos”.


UN MEJOR AMBIENTE


Para Fabiola, en cuanto a la cobertura de la fuente le gustaría que hubiera más compañeras para hacer un equipo solamente de mujeres que cubran nota roja, con el objetivo de “poder acompañarnos en las madrugadas, acompañarnos entre morras como lo hacemos en otros aspectos de la vida, sería muy bueno tener una red de mujeres fotógrafas, eso me gustaría que pasara con la fuente”.


En cuanto a las redacciones, sugiere que se dejen de pedir fotografías amarillistas y morbosas, para “tratar de contar a través de nuestras fotografías otras narrativas”.


¿CÓMO LIDIAR CON LOS RETRATOS DE LA VIOLENCIA?


“Hay imágenes que te pesan mucho, tratamos de, como lo dice un fotógrafo que se hace llamar el ‘Señor Click’, tratar de platicar con la gente, tratar de platicar con tus amigos, tejer una red, desconectarte por un tiempo, porque llega un momento en que las y los fotógrafos de nota roja se hartan de todo el tiempo ver malas noticias. Lidias anímicamente conectándote con otras personas, tratando de ver otros escenarios, viajando, durmiendo, preparándote de comer algo rico, dándote un gusto, pero la imagen de la violencia perdura y cansa, yo creo que un día sí voy a terminar renunciando, aunque aún tengo energía para seguir documentando este ritmo de muerte” concluye.

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