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Derribar estigmas y acompañar el dolor: los desafíos de la práctica psicológica


Por: Sofía Mayela.


En 1998, la Federación Nacional de Colegios, Sociedades y Asociaciones de Psicólogos de México estableció el 20 de mayo como el Día de la Psicóloga y el Psicólogo, con el propósito de reconocer a quienes ejercen esta profesión y destacar su labor fundamental en el desarrollo social.


De acuerdo con información proporcionada por la plataforma Data México, elaborada por la Secretaría de Economía, su ocupación concentra a casi 150,000 profesionales presentes en cada una de las entidades del país.


Una de ellas es Pamela Ruvalcaba Arriaga, quien, entre los cambios y desafíos que implica la elección de una carrera universitaria en el bachillerato, encontró en la psicología una vocación.


Con una licenciatura en Psicología Clínica por la Universidad Autónoma de Nuevo León y una especialidad en el tratamiento de trastornos de la conducta alimentaria y adicciones, menciona que uno de los mayores desafíos ha sido derribar los estigmas que aún persisten en torno a la salud mental.

“Al ser algo que no se ve, como ir a una consulta con el médico,transmitir […] sobre lo que son las emociones, los pensamientos, creo que ese es uno de los mayores retos de generar esta información en la población de cuidar la salud mental”

Sin embargo, con 14 años de trayectoria, explica que una de las partes más complicadas de su labor es enfrentarse a procesos terapéuticos donde no siempre existan avances inmediatos o condiciones favorables para el paciente.


“La dificultad o la frustración que genera el […] no poder ayudar o sentir que no puedes ayudar a algunos de los consultantes”.

En este sentido, subraya el acompañamiento psicológico no sólo implica convivir de forma recurrente con el sufrimiento humano, sino que también conlleva el conectar emocionalmente con experiencias personales o etapas de vida propias.


“Claro que también impacta en mi vida, por ejemplo, el observar cosas que quizá estén pasando en mi entorno”.

A ello, se suma un ejercicio constante de introspección, donde el escuchar y orientar a otras personas genera una serie de cuestionamientos internos.


En particular, menciona cómo su práctica profesional la obliga a analizar su desempeño dentro de sus propios roles personales y familiares:


“Yo como mamá o de pareja, también darme cuenta de en qué fallo o qué me falta trabajar”.

Bajo esta misma línea, considera que la resiliencia y la vulnerabilidad forman parte del mismo proceso emocional, como herramientas complementarias que se ajustan al contexto y momento que atraviesa cada persona.


“Dependiendo el momento o el caso, se trabaja más la resiliencia, pero también dando oportunidad a ser vulnerable”, señala.

Pese a las complejidades que conlleva el acompañar procesos de salud mental de forma cotidiana, la especialista identifica como una de las mayores satisfacciones de su profesión el observar la recuperación y transformación de sus consultantes.


Recordó que uno de los momentos más significativos es ver cómo recuperan actividades del día a día y reconstruyen sus proyectos de vida:


“Ver a pacientes con anorexia nerviosa salir de esta enfermedad” y ver que “ya logran retomar la escuela, tener vida social”.

Añade que estos avances le permiten confirmar el sentido de su trabajo: “Esa es la manera de yo sentir de que, okey, estoy ayudando, esto está funcionando”.

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