• La Rata

Cinco años sin Mariela Karina.

Actualizado: ene 20



Por: Marcela Del Muro.


*Los fragmentos en cursiva se desprenden de la obra “Antígona González” de la autora mexicana Sara Uribe.*


Desde hace cinco años, la señora Juana atesora su número de celular. No lo puede cambiar porque Mariela se lo sabe de memoria y, siempre, tiene la esperanza de escuchar su voz de nuevo, aunque sea por teléfono.


Donde antes tú ahora el

vacío.


Desde que Mariela Karina Villegas Torres desapareció, su mamá comenzó a recibir llamadas de números extraños. Infinidad de teléfonos foráneos, con LADAS que la señora Juana no sabía de dónde eran.


Ella atendía y la llamada corría.

Solo podía escuchar la respiración de alguien, nadie le contestaba.

Y, entonces, el corazón se exaltaba.

Juana siempre ha creído que era su hija y eso le regresaba la esperanza al cuerpo.


Desde hace un año, los números extraños dejaron de sonar.


Desde ese momento nos quitaron la mitad de nuest-

ro corazón.

El celular fue una herramienta de comunicación muy utilizada por madre e hija.

Dos horas antes de que el rastro de Mariela se esfumara, Juana habló por teléfono con ella:

“Me dijo ‘me estoy peleando con Fernando’. Yo sabía que no valía la pena y se lo dije. Pero, ella solo me contesto que me encargaba a su hija y que no olvidáramos que nos quiere mucho”. Mariela se encontraba en el trabajo, a diez cuadras de casa de su mamá.


Juana sabe que si Mariela tiene la oportunidad de comunicarse, lo primero que haría sería hablarle a su celular y preguntarle por su hija.


No sabemos cómo estamos sobrevi-

viendo con la mitad de un corazón.



Mariela Karina Villegas Torres

Este día, es necesario recordar que tenemos cinco años sin saber qué pasó con Mariela Karina Villegas Torres.

Desde aquel 19 de agosto del 2015, cuando salió del trabajo a las diez de la noche, tomó el camión y se bajó en la esquina de la carretera 57 y Avenida Gálvez, en la capital de San Luis Potosí. Ese fue el último lugar donde sus compañeros de trabajo la vieron, antes de cruzar el puente. Ahí, a unas cuantas cuadras de su casa, el lugar que compartía con Fernando, su pareja.


También, es necesario recordar que Juana no pudo denunciar inmediatamente: “me dijeron en la Procuraduría ‘de seguro su hija se fue de parranda y ya verá que regresa en unos días’. Pero, yo sabía que no era cierto, que algo le pasaba a mi hija porque desde las diez y media (de la noche) yo sentía mucha angustia, mucha desesperación y miedo y, desde entonces, esos sentimientos no se me quitan”.


Por eso te pienso todos los

días, porque a veces creo que si te olvido, un solo día

bastará para que te desvanezcas.


Los días de la señora Juana han pasado entre la incertidumbre, la tristeza, el enojo, la desesperación y el trabajo. “Yo quisiera andar en todo. Hacer marchas, ir a reclamar que no hay avances, salir a buscarla, pero no me da el tiempo. Yo me desespero mucho, sobretodo los primeros años de la desaparición, cuando la carpeta estaba inactiva”.


Porque hoy, tenemos que recalcar que desde el principio de la investigación las autoridades se mostraron omisas. El expediente de investigación estuvo inactivo desde los primeros meses y tuvo que llegar una asociación civil, al año y dos meses de la desaparición, para reactivarlo. Carpeta que “pasó por tantas manos, por tantos Ministerios Públicos que volvían a empezarla desde cero”. Carpeta que no lleva a ningún lado, donde las entrevistas y los interrogatorios son escuetos, se perdieron las primeras pruebas y otras más se marcaron como improcedentes. Una carpeta retacada de papeles que no llevan a Mariela.


¿Qué cosa es el cuerpo cuando alguien lo desprovee

de nombre, de historia, de apellido? Que era una

probabilidad. Cuando no hay faz, ni rastro, ni hue-

llas, ni señales. Que los iban a traer aquí ¿Qué cosa

es el cuerpo cuando está perdido?

Juana se dedica a hacer enchiladas potosinas. Esto le da un poco de tiempo de ir a la Fiscalía a preguntar por Mariela y de cuidar a su nieta y sus hijos adolescentes. Un trabajo noble porque los días más pesados, cuando el llanto no para, ella puede tomar un descanso de las enchiladas, o bien, mientras sus manos amasan se distrae un poco. Ella no puede dejar de trabajar, pero tampoco puede dejar de buscar a su Mariela.


Así que me voy con el estómago vacío al trabajo y

mientras conduzco pienso en todos los huecos, en

todas las ausencias que nadie nota y están ahí.


Juana cuenta que en las noches, cuando dormita, siente un soplido en el oído. Dice que a su hija le gustaba tronarle besos en la oreja. Juana sabe que Mariela sigue pensando en ella.


Esa es la razón por la que hoy, 19 de agosto del 2020, te nombramos: Mariela Karina Villegas Torres. A cinco años de tu desaparición, tu mamá y tus hermanos te siguen buscando y seguirán haciéndolo hasta encontrarte.

Que

pare ya el extravío.

Quiero el descanso de los que buscan y el de los que

no han sido encontrados.

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