• La Rata

Cáncer de mama: la detección a tiempo es fácil de decir.

Actualizado: ene 20



Por: M. Alejandra Ruiz.


Una negligencia… No, fueron varias. Ante este escrito o cónica (dile como gustes), haré una denuncia. Sí, hacia aquellos que dicen llamarse “los que toman la carrera más difícil”; a los que avientan culpas a otras personas con su “porque dejan pasar tanto tiempo”, “se enferman cuando les convine”, a los que dicen “cobro tanto, porque no me salió gratis mi carrera”, a eso… no los denuncio, los juzgo. Porque así fueron aquellos médicos que vieron a mi madre cuando no supieron que lo que tenía ella desde un principio era cáncer.


Abril 2012


—Esta es una bolita de grasa señora, no debe de asustarse… es más, si ustedes gusta se la puedo extirpar, es una microcirugía. Me tomará una hora a lo mucho, dos, tal vez.


—Está bien, solo le comentaré a mi esposo.


Mi mamá después de su periódica cita con el ginecólogo, tuvo una plática con mi papá para decirle que sería una microcirugía, algo rápido, no muy cara… 3 mil, porque incluso sería en el consultorio. Mi papá, accedió. Claro la salud es primero, y el médico un especialista, debe saber lo que hace…


Una semana después mi mamá tendría su cita para extraer esa “bolita de grasa”. Y sí, fue rápido, casi no hubo dolor (por lo que ella me dijo). La recuperación también fue veloz. Y todo vivió a la normalidad, y vivimos felices por siempre. Fin…


Mayo 2012


Lo anterior solo fue un capítulo de la novela titulada “El cáncer de mamá”. En mayo, mientras tomaba un baño, mi mamá de percató que la “bolita de grasa”, había regresado por la revancha… solo que está vez era más grande, más imponente.


Fue nuevamente con el ginecólogo, quién le dijo que sí… esas bolitas suelen regresar así… Algo no andaba bien, entre el creerle a un “experto” y el actuar por intuición (y por algunas otras experiencias), mi mamá decidió buscar una segunda opinión. Esta vez, con su familia, una sobrina enfermera, y con otra más que le recomendó a una oncólogo, no porque supieran que tuviera cáncer, sino porque al parecer esa prima también tenía bolitas de grasa en los senos, y ese médico oncólogo le había ayudado.


Mi mamá, para desaparecer de una vez por todas esas bolitas, apartó una cita en la larga lista de espera del nuevo médico. A ella le tocó a finales del mes.

Al tener su cita el médico la examinó, yo estaba ahí…


—Mh… no sé preocupe, señora —Esto me sonaba familiar—. Es una bolita…


—¿De grasa? —preguntó mi mamá.


—No… puede ser, pero para estar seguros, será mejor que le hagamos una microcirugía, no llevará mucho tiempo… a lo mucho 2 horas. Solo abro, saco la bolita, le acomodo su seno y listo. El precio es de unos cuantos miles más las consultas.


Déjeme decirles que en ese pequeño trayecto, hubo recorte de personal en el trabajo de papá, y como afectado no tenía dinero para pagar la microcirugía. Sin embargo, la familia está para apoyar en tiempos difíciles.


Mi mamá consigó el dinero, gracias a su familia (una hermana), un par de días después mi mamá estaba con esa bolita fuera de su cuerpo. Después de la consulta extirpadora, fuimos a desayunar y fin… de ese episodio.


Junio 2012


Una semana después de esa operación, la bolita volvió a aparecer dos veces más grande que la última vez. Y en ese momento el teléfono sonó:


—Hablamos del consultorio del doctor oncólogo (nombrenlo como gustes, ni nombre merece), queremos que venga por los resultados de su autopsia.


—¿Autopsia?


—Sí, la que tuvo hace una semana.


Mi mamá debía ir por los resultados de lo que le vendieron como “microcirugía”. Al llegar al consultorio, el muy canalla lo dijo…


—Sí, fue una autopsia y el resultado es…

CARCINOMA PAPILAR.


En el elevador nadie dijo nada, ni mi mamá ni yo, mucho menos una prima que nos acompañó…


—Tengo cáncer —le dijo mi mamá a mi papá una vez que llegamos a la casa.


Por lo que dijo el respetable doctor, la verdadera cirugía no sería una micro, esta vez sería una grande del tipo que salen en Dr. House o Grey's Anotomy. Claro que el doctor se apuntó a realizarla por la mínima cantidad de 120 mil… pero claro que ofrecería un descuento por entrar a un programa de apoyo a señoras con cáncer (apoyo que nunca llegó), con ese descuento solo saldría en 80 mil, más las consultas de mil pesos cada una… y lo que sigue: quimioterapia, radioterapia, comidas, pelucas, suplementos alimenticios, bla bla bla… miles de cosas que se vendrían.


Sin duda existe un ser que todo lo ve, la prima enfermera logró asegurar a mi mamá, pero sería perder más tiempo y el cáncer ganaría terreno si empezaba desde cero otra vez, o sea, más biopsias, más consultas. Pero ella ya tenía un diagnóstico… y gracias a la intervención divina de aquella misma tía que prestó el dinero por primera vez, se lograron obtener los resultados del señor oncólogo de la microcirugía, claro con amenaza de demandarlo si exigía más dinero para entregar los resultados de la biopsia.


Es verdad que eso evitó perder más tiempo, y claro le ahorró un gran esfuerzo al seguro médico. Para la última semana de junio, mamá ya tenía programada su operación.


Mastectomía


Una extirpación total del seno izquierdo, se llevaba acabó el día 28 de junio del 2012, la paciente: Marina, mi madre.


Fue ahí donde comenzó la verdadera novela… Llegar a casa, que tú mamá rechace a todos, que odie mirarse al espejo, que grite al bañarse, que en su cumpleaños número secreto se la pasara llorando, ignorando y sufriendo. Fue así a partir de ese día, así por mucho tiempo.


Si se lo preguntan… no todo fue malo, como en toda novela donde hubo villanos contra el protagonista, también hay cambios. No diré una estupidez como que fue una lección de vida, pero sin duda fue una trayectoria que dejó enseñanzas a todos los que estuvimos involucrados.


—Usted, señora, morirá de cáncer. Este va a regresar, y morirá. –Palabras de otro gran doctor humanitario.


Y es verdad… pero después de un chingomil de cicatrices, medicamentos, terapias y todas esas cosas que crean los cambios, fue ella quién ganó una batalla.

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